|
2008-05-28 20:33:00por Guillermo Torres López
Dentro del método de asignar competencias a los diversos órganos con jurisdicción en el país, la cuantía es una forma de diferenciar quien conoce determinadas materias civiles y comerciales. Este criterio permite que sólo determinados jueces puedan resolver asuntos donde los monto son elevados. A ellos se les denomina jueces de partido, denominación que en otros países es Juez de Letras de Mayor Cuantía y que tiene sus orígenes desde que éramos parte de la corona de España. Los jueces de mayor cuantía o como se les llama en el país, los jueces de partido, conocen litigios que exceden los 80 mil bolivianos en adelante. Es dable suponer que un Juez de Partido es una autoridad en su materia técnica y que además está dotado de probidad. Esta suposición es muy real en la mayoría de los casos. La pregunta de siempre es cuanto debe de pagar la sociedad por ese servicio. El hecho de ser parte esencial para la resolución de un litigio donde los montos en pugna son elevados, obliga a que quien deba decidir la controversia, el Juez, goce de un ingreso mensual que le haga vacilar ante la tentación de recibir una jugosa coima, versus la posibilidad de perder su trabajo y fuente de ingresos. Los países responden a esta situación incrementando los beneficios que los jueces tienen en razón de su cargo, ampliando su permanencia en su función salvo destitución a través de proceso, y dándole reconocimiento social. Un sistema donde el ingreso a la judicatura sea fruto de esfuerzo académico, comportamiento ético, actualización permanente y que esté acompañado de altos salarios, estabilidad laboral y los beneficios propios del cargo de toda índole, permiten crear un ambiente de seguridad jurídica. En muchos países la culminación de la vida de un abogado de litigio es pasar a ser Juez o magistrado. En cambio, un país donde el ingreso a la judicatura sea la respuesta a no tener trabajo, donde los sueldos sean bajos, y donde las designaciones estén amañadas, es de seguro la receta perfecta para un poder judicial sometido, para la subasta de los fallos y para la inseguridad jurídica. Es innegable que Bolivia a dedicado tiempo y recursos para lograr un poder judicial de mayor calidad, eficiencia y honestidad, donde se destaca la formación académica que se viene brindando a los futuros jueces en la ciudad de Sucre. Salvo los periódicos intentos de asaltar el poder judicial –fruto de la actividad de políticos-, existe una mejora evidente, que se hizo patente incluso en los enfrentamientos entre la Corte Suprema y el Tribunal Constitucional, beneficiando de sobremanera a la sociedad civil. En el diario vivir, donde la locomoción de los hijos y el cónyuge tienen un costo. Dónde el terno y la corbata de los jueces tiene un precio y donde el día a día de un juzgador le reclama ingresos para un buen pasar, un sueldo bajo es la invitación a la corrupción. De nada sirve el discurso ante la innegable necesidad de ingresos honestos para enfrentar el costo de vivir. Una opción que debe ser tomada por el país es si se sacrifica lo avanzado en el desarrollo del poder judicial y se opta por la reducción de los salarios de los jueces y magistrados del poder judicial. Si usted alega que el que es honesto lo es a todo trance, quiere decir o que viene del espacio exterior o que desconoce la naturaleza humana. Mal negocio para el país es el pretender reducir el ingreso que por salarios reciben de sus jueces. Representa un caminar para atrás sin sentido y sólo en un afán demagógico. A quienes alegan que el portero de un juzgado gana 100 veces menos que un Ministro de la Corte Suprema bastaría con responderles que un pleito de cientos de millones de dólares no se entrega para ser solucionado al portero, pero si al magistrado. En toda sociedad, antes y ahora, quien tiene más responsabilidad gana más. Quien se tecnifica, tiene más ingresos. La pretensión que los técnicos tengan ingresos similares a quienes detentan cargos políticos es una manera de devaluar la educación, su motivación y sus resultados. Es perfectamente lógico reducir los montos y porque no, el número de quienes viven de la política. Pero pretender extender esta idea al resto de las funcionesdel estado es un grave error. Baste recordar la fácil corrupción de un funcionario cuando el sueldo de éste es de hambre. No mejorará Bolivia con esta pretendida igualdad hacia abajo. Es pertinente acusar la estupidez del falso ahorro del estado nacional en detrimento de la construcción de un estado mejor y más sano. No hacerlo así, es ceguera interesada y representa la destrucción de lo poco que se ha mejorado. (*) El Autor es abogado, en ejercicio libre y no fue ni es parte del poder judicial.
NOTA: El presente artículo fue publicado en diversos medios de prensa bolivianos. Publicado enBlog Law , 0 Comentarios2008-08-22 15:47:00por Rosario González Galicia Exacta es la sentencia traduttore, traditore (1). Y precisas y acertadas las palabras de Cervantes: ... y lo mesmo harán todos aquellos que los libros de verso quisieren volver en otra lengua: que, por mucho cuidado que pongan y habilidad que muestren, jamás llegarán al punto que ellos tienen en su primer nacimiento (2). Pese a esas irrefutables y desazonadoras palabras, agradecidos debemos estar a los ímprobos esfuerzos de los traductores. Al menos yo lo estoy: ¿qué habría sido de mí, incompetente como soy en inglés, sin la maravillosa traducción de Agustín García Calvo de esa maravilla que son los Sonetos de Shakespeare? Y no sólo eso. El disfrute y el placer que me han proporcionado algunas traducciones logra el milagro de soslayar el reconocimiento de la imposibilidad misma de la traducción. Traducciones como las de Luis Gil, Agustín García Calvo, Sebastián Mariner, Elsa García Novo, Antonio Tovar, Lisardo Rubio o José Manuel Pabón -por sólo referirme a las de clásicos griegos y latinos, que, por lo demás, son las que mejor conozco- no sólo pertenecen a la categoría de la excelencia, sino que emocionan por la precisión y belleza que contienen y porque suponen un nuevo nacimiento deltexto: que, si Cervantes manifiesta que los libros una vez tuvieron un primernacimiento, es porque concibe otros nacimientos posteriores de ellos en otras lenguas. Haciendo aquí confesión y reconocimiento de la imposibilidad de la traducción (pues ¿cómo va a ser posible trasvasar contenido y continente de una lengua al contenido y continente de otra?, ¿cómo, por qué camino, cuando no hay ni siquiera camino?, ¿cómo hemos llegado a creernos y a considerar normal y posible el hecho de la traducción?; es más, ¿cómo hemos llegado a pensar que nada se pierde de una lengua a otra en el trasvase, cuando no es que se pierdan gotas, es que se pierden ríos?); pues bien, con todas las salvedades, las dudas, las inquietudes que este asunto proporciona, el hecho es que las traducciones están ahí. Las traducciones pueden ser malas (estar artísticamente mal compuestas), tortuosas, chirriantes, toscas, rimbombantes, excesivas, pedantescas, muestras de vanidad del autor, buenas, atinadas, precisas, exactas en la captación de la lengua de partida y en la plasmación en la lengua de llegada, incluso más hermosas que el hermoso original del que parten... Pero, contando con todos los prejuicios y la ideología que todo traductor inevitablemente carga consigo, lo que debe evitarse a toda costa es caer en la trampa de superponer y de imponer nuestros conceptos, nuestro mundo al suyo. Ya se nos escaparán montones de gazapos sin querer. Pero hay que estar en guardia contra ellos. Hay que recordarse a cada minuto que aquello es otra lengua, que aquello es otra cosa, que el mundo que aquello está revelandoo descubriendo es distinto al nuestro (estando ambos en el Mundo). Hay que estar prevenidos y purificarse antes de empezar, tratar de ir lo más limpios posible hacia ello, obligarse a dejar a un lado la ideología y los prejuicios,obligarse firmemente, porque, de todos modos, nunca lo vamos a conseguir por completo (más que nada porque, por más empeño que pongamos y por más preparación que tengamos, es imposible). Y esto más si cabe cuando se trata de un texto lejano en el tiempo y de una lengua que, según opinión general y común, es una lengua muerta. El caso es que el pasado mes de marzo en el Foro del Hispanista del Centro Virtual Cervantes, a partir de la pregunta que alguien hacía sobre la famosa expresión latina carpe diem, se suscitó una «discusión» en la que yo misma intervine. Me ha parecido interesante dar cuenta aquí de este asunto por lo que revela sobre los prejuicios en la traducción, que a su vez revelan los prejuicios que se tienen en la consideración y en la captación de otras lenguas. En la discusión intervinieron sobre todo dos personas, siendo yo finalmente la tercera en discordia. Sintetizando la cuestión, uno de los intervinientes decía que carpe diem (generalmente traducido como aprovecha el día o goza de este día o cosas por el estilo) en «una versión más cercana en el tiempo y menos refinada sería a fornicar, que se acaba el mundo». El otro le contestaba que esa traducción sería inexacta porque «no se trata (o no se trata exclusivamente) de fornicar, sino de disfrutar la vida en todos los sentidos». El primero respondía a su vez protestando: «En cuanto a la versión popular y moderna que propuse, es verdad que tiene menor amplitud, pero no creo que menor exactitud» porque «si Horacio hablaba de los placeres en forma más genérica (...) ciertamente no excluía la fornicación y para algo más que enriquecimiento literario le escribiría poemas a la (supongo) bella Leucónoe». Y, entonces, el segundo, para dejar zanjada la cuestión, se atrevió a decir: «como lector habitual de Horacio sé que la intención más habitual en él (al contrario que en el libidinoso Catulo) era la filosófica, sin excluir la erótica»; y luego bromeaba añadiendo: «Que luego se llevara [Horacio] al huerto a Leucónoe (...) es otro cantar. Si es así, esperamos que lo consiguiera: el poema bien lo vale». En resumen, el uno opinaba que carpe diem llevaba la intención de «fornicar» y con esa intención Horacio se lo dirigía a Leucónoe, y que, por lo tanto, así había que traducirlo en una «versión más cercana en el tiempo y menos refinada», en una «versión popular y moderna». Pero el otro, apoyándose en argumentos más serios y cultos, nos dejaba tiritando cuando no sólo se atrevía a suponerle a Horacio una «intención filosófica», sino que, además, calificaba a Catulo de «libidinoso» y afirmaba que este poeta sí habría utilizado carpe diem con el sentido de «fornicar». Quiero mostrar aquí, ahora para vosotros, desarrollándola un poco, la respuesta que allí di. Empecemos por el principio. La expresión carpe diem, que de tanto éxito ha sido y que, en cierto modo, todo el mundo conoce o cree conocer (hay, por ejemplo, un grupo musical catalán con este nombre y un bar nocturno en Ávila - si no ha desaparecido- que también lo lleva y hasta un Instituto de Enseñanza Secundaria en Chinchón, Madrid, con el mismo nombre), aparece en la oda XI del libro I de los carmina de Horacio. El texto de esta oda es como sigue: Tu ne quaesieris (scire nefas) quem mihi, quem tibi finem di dederint, Leuconoe, nec Babylonios temptaris numeros. Vt melius, quidquid erit, pati! seu pluris hiemes, seu tribuit Iuppiter ultimam, quae nunc oppositis debilitat pumicibus mare Tyrrhenum: sapias, uina liques et spatio breui spem longam reseces. Dum loquimur, fugerit inuida aetas: carpe diem, quam minimum credula postero. Que traduzco así: No preguntes (contra la voluntad divina el saberlo), Leucónoe, qué fin han puesto para mí los dioses, cuál para ti, ni sondees el cálculo babilonio. ¡Cuánto mejor soportar lo que haya de ser, tanto si Júpiter nos ha concedido muchos inviernos, como si es el último nuestro el que ahora quiebra las olas del mar Tirreno en azote contra los escollos! Sé sabia, filtra el vino y, breve como es la vida, corta la esperanza larga. Mientras hablamos, habrá huido celosa la edad: goza a bocados del momento, confiada lo menos posible en el de mañana. Indagando en su etimología, el verbo carpo (cuya forma carpe es la de la 2ª persona del sing. del Pres. de Imperat. Activo) es en su origen un verbo con sentido técnico, empleado en diversas acepciones concretas y en sentidos figurados. En la lengua rústica significa «coger», «arrancar» (la hierba, por ejemplo); en el campo textil, «deshacer hilo a hilo» (la lana, el lino), «deshilar». En la lengua común significa «elegir» y también «degustar», «disfrutar de». Carpo significa, pues, «arrancar», «separar arrancando», «arrancar a pedazos», «desgarrar»; toma después los sentidos figurados de «aprovechar», «gozar» («gozar de un dulce sueño»), «consumir» («consumir las fuerzas»), «recorrer», «completar» («recorrer un camino», el definitivo en la frase supremum iter carpere: «hacer el último viaje»). He traducido carpe diem como goza a bocados del momento para tratar de mostrar lo mejor posible el sentido originario del verbo, como si dijese: «arráncale pedacitos al tiempo», «cómete el tiempo a mordiscos». Porque eso es lo que se quiere decir con carpe diem. En una interpretación muy prosaica podría equipararse con el dicho español «que nos quiten lo bailado», aunque con esta igualación, tan chabacana y ramplona, se pierde mucho del sentido que tiene la frase latina, motivo por el cual se sigue diciendo en latín. Parafraseando la expresión, su sentido sería: «no dejes que el Tiempo te quite tiempo, te quite vida; no dejes que el Tiempo -pensar en él, obsesionarte con el futuro y, por tanto, con la muerte- te gane la partida; por el contrario, aprovéchate tú de él, arráncale trocitos, momentos». No puedo estar de acuerdo con quien quiere ver en la expresión carpe diem un trasfondo sexual. No lo tiene. Cuando uno impone a un objeto (en este caso, la lengua), antes de mirarlo, su visión, su idea, cuando ya ha decidido de antemano lo que es, encuentra siempre lo que quiere, que es, justamente, lo que no hay. Por una razón de signo contrario a aquella que quería ver en los clásicos artistas mesurados, comedidos, pacatos, puritanos, aislados en una torre de marfil, que andaban siempre en las nubes tratando temas y asuntos excelsos, y que nunca se mezclaban en los avatares de los seres humanos corrientes ni tocaban sus problemas y miserias, sus alegrías y goces, apreciación que tiene mucho de prejuicios religiosos y culturales y que llevó a que muchos de los textos de los clásicos quedaran celosamente guardados (protegidos por mentes biempensantes, que se otorgan a sí mismas el distintivo de autoridades, de las manos y los ojos de lectores inadecuados), al punto de hacerlos a veces inexistentes; pues bien, por una razón -como decía- de signo contrario y complementaria de la anterior, pero tan engañosa y no menos prejuiciosa e ideológica que la señalada, en las últimas décadas, como si de un «destape» se tratase, mucha gente ha querido ver en los clásicos lo que no hay, y casi siempre ha querido ver alusiones e insinuaciones de tipo sexual. Hay que decir que, cuando los poetas, en particular, y los escritores, en general, griegos y latinos quieren referirse a algo relacionado con el sexo, lo hacen, no lo ocultan, y generalmente lo hacen de manera muy directa y explícita. Eso no significa, claro está, que no utilicen también el lenguaje metafórico, como, por ejemplo, cuando en las comedias de Aristófanes se emplea el término «cerdito» para la denominación del órgano sexual femenino, de manera paralela al empleo en español de términos como «conejo», «almeja», «concha», etc. Ni tampoco quiere decir que no usen el lenguaje alusivo, es decir, que sin expresar el término concreto (que no se dice precisamente para buscar un efecto más contundente), el conjunto, el contexto sea lo suficientemente claro para llevar al oyente o al lector a entender perfectamente la referencia, consiguiendo con ello provocarle el asombro, la risa, el sobresalto, consiguiendo, en definitiva, la sorpresa. Una buena muestra de esto puede encontrarse en el poema LVIII de Catulo (...aquella Lesbia, a la que Catulo ha querido más que a sí mismo y a todos los suyos, ahora en las encrucijadas y en las callejas se la pela a los descendientes del magnánimo Remo), donde no hace falta señalar, por obvio, el «piropo» que le está dedicando a su amante. Pero -como decía más arriba- los clásicos llaman a las cosas por su nombre si es que lo quieren hacer, y, si quieren decir «joder», lo dicen, o si quieren decir «pene» (más bien, claro, «polla», «minga», «carajo», etc.) o «dar por culo» o «puta», etc., etc., lo dicen. A este respecto, la lengua latina cuenta con un muy extenso y preciso vocabulario3. Tampoco puedo estar de acuerdo con quien se refiere a Catulo como el «libidinoso Catulo», primero, porque, dicho así, parece como si no pudiese ser más que eso, cuando es uno de los poetas más variados de la literatura latina (y, por cierto, uno de los excelsos en la literatura universal), y, en segundo lugar, porque el término «libidinoso» es peligrosamente equívoco, dado su significado en español, para aplicarlo por traslación a alguien del mundo antiguo y del todo inaplicable en el caso de Catulo. Menos aún puedo estar de acuerdo con quien opina que carpe diem no significa «fornicar» o «llevarse a alguien al huerto» en el texto de Horacio, pero sí podría significarlo si lo hubiera escrito Catulo: eso sería como decir que las palabras, las expresiones, la lengua, en fin, dependen de la opinión de quien las utilice. Y eso no es así. Los escritores no manipulan la lengua a su antojo. Lo que sí hacen es aprovechar, generalmente más y mejor que el común (lo que no quita para que los hallazgos populares en la expresión sean, a veces, impresionantes), las posibilidades que la lengua ofrece, lo que sí hacen es tener las entendederas bien despiertas y atentas (y bien entrenadas) y tener «un oído más fino» para captar el máximo posible de matices y utilizarlos después. Seamos -me lo ruego, os lo ruego- humildes en el acercamiento a otras lenguas. Dejemos que sean ellas las que hagan el camino caminando nosotros junto a ellas, las que se nos entreguen entregándonos nosotros a ellas, y no les impongamos un camino ya hecho y, entonces, ya muerto e imposible de recorrer, pues, como canta Antonio Machado, caminante, no hay camino, / se hace camino al andar.
Notas: 1 «Traductor, traidor». 2 El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, I, VI. 3 Para quien tenga curiosidad, hay, sobre este campo del vocabulario, una obra fundamental: J. Adams. The Latin Sexual Vocabulary. Baltimore: The Johns Hopkins University Press, 1982.
Publicado enBlog Law , 0 Comentarios2008-05-29 17:13:00 por Rosario González Galicia Exacta es la sentencia traduttore, traditore (1). Y precisas y acertadas las palabras de Cervantes: ... y lo mesmo harán todos aquellos que los libros de verso quisieren volver en otra lengua: que, por mucho cuidado que pongan y habilidad que muestren, jamás llegarán al punto que ellos tienen en su primer nacimiento (2). Pese a esas irrefutables y desazonadoras palabras, agradecidos debemos estar a los ímprobos esfuerzos de los traductores. Al menos yo lo estoy: ¿qué habría sido de mí, incompetente como soy en inglés, sin la maravillosa traducción de Agustín García Calvo de esa maravilla que son los Sonetos de Shakespeare? Y no sólo eso. El disfrute y el placer que me han proporcionado algunas traducciones logra el milagro de soslayar el reconocimiento de la imposibilidad misma de la traducción. Traducciones como las de Luis Gil, Agustín García Calvo, Sebastián Mariner, Elsa García Novo, Antonio Tovar, Lisardo Rubio o José Manuel Pabón -por sólo referirme a las de clásicos griegos y latinos, que, por lo demás, son las que mejor conozco- no sólo pertenecen a la categoría de la excelencia, sino que emocionan por la precisión y belleza que contienen y porque suponen un nuevo nacimiento deltexto: que, si Cervantes manifiesta que los libros una vez tuvieron un primernacimiento, es porque concibe otros nacimientos posteriores de ellos en otras lenguas. Haciendo aquí confesión y reconocimiento de la imposibilidad de la traducción (pues ¿cómo va a ser posible trasvasar contenido y continente de una lengua al contenido y continente de otra?, ¿cómo, por qué camino, cuando no hay ni siquiera camino?, ¿cómo hemos llegado a creernos y a considerar normal y posible el hecho de la traducción?; es más, ¿cómo hemos llegado a pensar que nada se pierde de una lengua a otra en el trasvase, cuando no es que se pierdan gotas, es que se pierden ríos?); pues bien, con todas las salvedades, las dudas, las inquietudes que este asunto proporciona, el hecho es que las traducciones están ahí. Las traducciones pueden ser malas (estar artísticamente mal compuestas), tortuosas, chirriantes, toscas, rimbombantes, excesivas, pedantescas, muestras de vanidad del autor, buenas, atinadas, precisas, exactas en la captación de la lengua de partida y en la plasmación en la lengua de llegada, incluso más hermosas que el hermoso original del que parten... Pero, contando con todos los prejuicios y la ideología que todo traductor inevitablemente carga consigo, lo que debe evitarse a toda costa es caer en la trampa de superponer y de imponer nuestros conceptos, nuestro mundo al suyo. Ya se nos escaparán montones de gazapos sin querer. Pero hay que estar en guardia contra ellos. Hay que recordarse a cada minuto que aquello es otra lengua, que aquello es otra cosa, que el mundo que aquello está revelandoo descubriendo es distinto al nuestro (estando ambos en el Mundo). Hay que estar prevenidos y purificarse antes de empezar, tratar de ir lo más limpios posible hacia ello, obligarse a dejar a un lado la ideología y los prejuicios,obligarse firmemente, porque, de todos modos, nunca lo vamos a conseguir por completo (más que nada porque, por más empeño que pongamos y por más preparación que tengamos, es imposible). Y esto más si cabe cuando se trata de un texto lejano en el tiempo y de una lengua que, según opinión general y común, es una lengua muerta. El caso es que el pasado mes de marzo en el Foro del Hispanista del Centro Virtual Cervantes, a partir de la pregunta que alguien hacía sobre la famosa expresión latina carpe diem, se suscitó una «discusión» en la que yo misma intervine. Me ha parecido interesante dar cuenta aquí de este asunto por lo que revela sobre los prejuicios en la traducción, que a su vez revelan los prejuicios que se tienen en la consideración y en la captación de otras lenguas. En la discusión intervinieron sobre todo dos personas, siendo yo finalmente la tercera en discordia. Sintetizando la cuestión, uno de los intervinientes decía que carpe diem (generalmente traducido como aprovecha el día o goza de este día o cosas por el estilo) en «una versión más cercana en el tiempo y menos refinada sería a fornicar, que se acaba el mundo». El otro le contestaba que esa traducción sería inexacta porque «no se trata (o no se trata exclusivamente) de fornicar, sino de disfrutar la vida en todos los sentidos». El primero respondía a su vez protestando: «En cuanto a la versión popular y moderna que propuse, es verdad que tiene menor amplitud, pero no creo que menor exactitud» porque «si Horacio hablaba de los placeres en forma más genérica (...) ciertamente no excluía la fornicación y para algo más que enriquecimiento literario le escribiría poemas a la (supongo) bella Leucónoe». Y, entonces, el segundo, para dejar zanjada la cuestión, se atrevió a decir: «como lector habitual de Horacio sé que la intención más habitual en él (al contrario que en el libidinoso Catulo) era la filosófica, sin excluir la erótica»; y luego bromeaba añadiendo: «Que luego se llevara [Horacio] al huerto a Leucónoe (...) es otro cantar. Si es así, esperamos que lo consiguiera: el poema bien lo vale». En resumen, el uno opinaba que carpe diem llevaba la intención de «fornicar» y con esa intención Horacio se lo dirigía a Leucónoe, y que, por lo tanto, así había que traducirlo en una «versión más cercana en el tiempo y menos refinada», en una «versión popular y moderna». Pero el otro, apoyándose en argumentos más serios y cultos, nos dejaba tiritando cuando no sólo se atrevía a suponerle a Horacio una «intención filosófica», sino que, además, calificaba a Catulo de «libidinoso» y afirmaba que este poeta sí habría utilizado carpe diem con el sentido de «fornicar». Quiero mostrar aquí, ahora para vosotros, desarrollándola un poco, la respuesta que allí di. Empecemos por el principio. La expresión carpe diem, que de tanto éxito ha sido y que, en cierto modo, todo el mundo conoce o cree conocer (hay, por ejemplo, un grupo musical catalán con este nombre y un bar nocturno en Ávila - si no ha desaparecido- que también lo lleva y hasta un Instituto de Enseñanza Secundaria en Chinchón, Madrid, con el mismo nombre), aparece en la oda XI del libro I de los carmina de Horacio. El texto de esta oda es como sigue: Tu ne quaesieris (scire nefas) quem mihi, quem tibi finem di dederint, Leuconoe, nec Babylonios temptaris numeros. Vt melius, quidquid erit, pati! seu pluris hiemes, seu tribuit Iuppiter ultimam, quae nunc oppositis debilitat pumicibus mare Tyrrhenum: sapias, uina liques et spatio breui spem longam reseces. Dum loquimur, fugerit inuida aetas: carpe diem, quam minimum credula postero. Que traduzco así: No preguntes (contra la voluntad divina el saberlo), Leucónoe, qué fin han puesto para mí los dioses, cuál para ti, ni sondees el cálculo babilonio. ¡Cuánto mejor soportar lo que haya de ser, tanto si Júpiter nos ha concedido muchos inviernos, como si es el último nuestro el que ahora quiebra las olas del mar Tirreno en azote contra los escollos! Sé sabia, filtra el vino y, breve como es la vida, corta la esperanza larga. Mientras hablamos, habrá huido celosa la edad: goza a bocados del momento, confiada lo menos posible en el de mañana. Indagando en su etimología, el verbo carpo (cuya forma carpe es la de la 2ª persona del sing. del Pres. de Imperat. Activo) es en su origen un verbo con sentido técnico, empleado en diversas acepciones concretas y en sentidos figurados. En la lengua rústica significa «coger», «arrancar» (la hierba, por ejemplo); en el campo textil, «deshacer hilo a hilo» (la lana, el lino), «deshilar». En la lengua común significa «elegir» y también «degustar», «disfrutar de». Carpo significa, pues, «arrancar», «separar arrancando», «arrancar a pedazos», «desgarrar»; toma después los sentidos figurados de «aprovechar», «gozar» («gozar de un dulce sueño»), «consumir» («consumir las fuerzas»), «recorrer», «completar» («recorrer un camino», el definitivo en la frase supremum iter carpere: «hacer el último viaje»). He traducido carpe diem como goza a bocados del momento para tratar de mostrar lo mejor posible el sentido originario del verbo, como si dijese: «arráncale pedacitos al tiempo», «cómete el tiempo a mordiscos». Porque eso es lo que se quiere decir con carpe diem. En una interpretación muy prosaica podría equipararse con el dicho español «que nos quiten lo bailado», aunque con esta igualación, tan chabacana y ramplona, se pierde mucho del sentido que tiene la frase latina, motivo por el cual se sigue diciendo en latín. Parafraseando la expresión, su sentido sería: «no dejes que el Tiempo te quite tiempo, te quite vida; no dejes que el Tiempo -pensar en él, obsesionarte con el futuro y, por tanto, con la muerte- te gane la partida; por el contrario, aprovéchate tú de él, arráncale trocitos, momentos». No puedo estar de acuerdo con quien quiere ver en la expresión carpe diem un trasfondo sexual. No lo tiene. Cuando uno impone a un objeto (en este caso, la lengua), antes de mirarlo, su visión, su idea, cuando ya ha decidido de antemano lo que es, encuentra siempre lo que quiere, que es, justamente, lo que no hay. Por una razón de signo contrario a aquella que quería ver en los clásicos artistas mesurados, comedidos, pacatos, puritanos, aislados en una torre de marfil, que andaban siempre en las nubes tratando temas y asuntos excelsos, y que nunca se mezclaban en los avatares de los seres humanos corrientes ni tocaban sus problemas y miserias, sus alegrías y goces, apreciación que tiene mucho de prejuicios religiosos y culturales y que llevó a que muchos de los textos de los clásicos quedaran celosamente guardados (protegidos por mentes biempensantes, que se otorgan a sí mismas el distintivo de autoridades, de las manos y los ojos de lectores inadecuados), al punto de hacerlos a veces inexistentes; pues bien, por una razón -como decía- de signo contrario y complementaria de la anterior, pero tan engañosa y no menos prejuiciosa e ideológica que la señalada, en las últimas décadas, como si de un «destape» se tratase, mucha gente ha querido ver en los clásicos lo que no hay, y casi siempre ha querido ver alusiones e insinuaciones de tipo sexual. Hay que decir que, cuando los poetas, en particular, y los escritores, en general, griegos y latinos quieren referirse a algo relacionado con el sexo, lo hacen, no lo ocultan, y generalmente lo hacen de manera muy directa y explícita. Eso no significa, claro está, que no utilicen también el lenguaje metafórico, como, por ejemplo, cuando en las comedias de Aristófanes se emplea el término «cerdito» para la denominación del órgano sexual femenino, de manera paralela al empleo en español de términos como «conejo», «almeja», «concha», etc. Ni tampoco quiere decir que no usen el lenguaje alusivo, es decir, que sin expresar el término concreto (que no se dice precisamente para buscar un efecto más contundente), el conjunto, el contexto sea lo suficientemente claro para llevar al oyente o al lector a entender perfectamente la referencia, consiguiendo con ello provocarle el asombro, la risa, el sobresalto, consiguiendo, en definitiva, la sorpresa. Una buena muestra de esto puede encontrarse en el poema LVIII de Catulo (...aquella Lesbia, a la que Catulo ha querido más que a sí mismo y a todos los suyos, ahora en las encrucijadas y en las callejas se la pela a los descendientes del magnánimo Remo), donde no hace falta señalar, por obvio, el «piropo» que le está dedicando a su amante. Pero -como decía más arriba- los clásicos llaman a las cosas por su nombre si es que lo quieren hacer, y, si quieren decir «joder», lo dicen, o si quieren decir «pene» (más bien, claro, «polla», «minga», «carajo», etc.) o «dar por culo» o «puta», etc., etc., lo dicen. A este respecto, la lengua latina cuenta con un muy extenso y preciso vocabulario3. Tampoco puedo estar de acuerdo con quien se refiere a Catulo como el «libidinoso Catulo», primero, porque, dicho así, parece como si no pudiese ser más que eso, cuando es uno de los poetas más variados de la literatura latina (y, por cierto, uno de los excelsos en la literatura universal), y, en segundo lugar, porque el término «libidinoso» es peligrosamente equívoco, dado su significado en español, para aplicarlo por traslación a alguien del mundo antiguo y del todo inaplicable en el caso de Catulo. Menos aún puedo estar de acuerdo con quien opina que carpe diem no significa «fornicar» o «llevarse a alguien al huerto» en el texto de Horacio, pero sí podría significarlo si lo hubiera escrito Catulo: eso sería como decir que las palabras, las expresiones, la lengua, en fin, dependen de la opinión de quien las utilice. Y eso no es así. Los escritores no manipulan la lengua a su antojo. Lo que sí hacen es aprovechar, generalmente más y mejor que el común (lo que no quita para que los hallazgos populares en la expresión sean, a veces, impresionantes), las posibilidades que la lengua ofrece, lo que sí hacen es tener las entendederas bien despiertas y atentas (y bien entrenadas) y tener «un oído más fino» para captar el máximo posible de matices y utilizarlos después. Seamos -me lo ruego, os lo ruego- humildes en el acercamiento a otras lenguas. Dejemos que sean ellas las que hagan el camino caminando nosotros junto a ellas, las que se nos entreguen entregándonos nosotros a ellas, y no les impongamos un camino ya hecho y, entonces, ya muerto e imposible de recorrer, pues, como canta Antonio Machado, caminante, no hay camino, / se hace camino al andar.
Notas: 1 «Traductor, traidor». 2 El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, I, VI. 3 Para quien tenga curiosidad, hay, sobre este campo del vocabulario, una obra fundamental: J. Adams. The Latin Sexual Vocabulary. Baltimore: The Johns Hopkins University Press, 1982. Publicado enBlog Law , 0 Comentarios2008-06-01 19:20:00
La presente página puede ser útil a quienes desean obtener servicios legales en condiciones óptimas y con un trato personalizado. Les rogamos acudir a los vínculos (links) y dirigirse a nuestra página principal.
Para los demás, que llegan atraídos por el contenido del blog, les agradecemos los comentarios. En los vínculos encontrará otra dirección donde publicamos diferentes artículos sobre temas extra legales.
Vuestra opinión será muy bien recibida, así como vuestros correos.
Gracias Publicado enBlog Law , 0 Comentarios2008-06-01 19:20:00
La presente página puede ser útil a quienes desean obtener servicios legales en condiciones óptimas y con un trato personalizado. Les rogamos acudir a los vínculos (links) y dirigirse a nuestra página principal.
Para los demás, que llegan atraídos por el contenido del blog, les agradecemos los comentarios. En los vínculos encontrará otra dirección donde publicamos diferentes artículos sobre temas extra legales.
Vuestra opinión será muy bien recibida, así como vuestros correos.
Gracias Publicado enBlog Law , 0 Comentarios2008-06-14 13:01:00
por Guillermo Torres López (*)
Para los lectores no les es ajena la afirmación que el derecho laboral está pensado para favorecer a los trabajadores. Esta verdad de perogrullo siempre fue enfrentada por los empresarios, como una muralla a sus utilidades y por lo tanto no ha sido raro el buscar las mil y una maneras de evitar cumplir con la ley del trabajo y por ende no reconocer los derechos de sus empleados.
Si bien la conducta puede ser de poca claridad ética, no es extraño que los jurisperitos reciban jugosas sumas por imaginar las mil y una formas de burlar la ley, actividad que no pretendemos juzgar en esta nota.
Frente a esta disputa, el Estado (va con mayúscula sólo por costumbre) como expresión supuesta de las mayorías tratará de proteger a los trabajadores frente a las empresas, entendiendo la debilidad del sector laboral.
De seguro que en el país, con instituciones que agrupan a los asalariados, de tanta fama y trayectoria como la Central Obrera y todas sus departamentales, lo referido anteriormente suena a conocido, y por lo tanto aburrido.
Usted empezó a leer esta nota por saber como burlar las leyes del trabajo, o tal vez para poder, luego de la lectura, rasgar sus vestiduras sobre lo dicho y hecho.
Así que al grano: Una de las maneras de burlar la ley del trabajo es disfrazar la relación de trabajo, ocultarla, negarla, maquillarla, mostrarla de otra manera, en fin, disimularla ante el posible juez que conozca el reclamo.
Cuando la bombilla, foco o ampolleta de luz se prendió en el seso de uno de los avispados abogados de esta nación, apareció el consultor, como respuesta a todos los males que para la empresa son las leyes del trabajo.
Fue una de las primeras maneras perdurable en el tiempo que ha buscado burlar la ley del trabajo, tratando de esconder la relación laboral, para evitar el pago de los beneficios sociales, que cuando uno es trabajador, parecen tan pequeños y que cuando uno es empresario se ven tan desmedidas.
Pero la astucia abogadil no impidió que los Magistrados de la Corte Suprema, por lo visto más avispados y sobre todo anoticiados del fraude, llegado el caso, se rieran en la noticia que un auditor, un ingeniero, un abogado, un dentista o lo que sea, luego de años de falso consultor, no pudiese reclamar esos beneficios sociales, que mostrábamos hace poco, dándoles la razón a los que alegaban haber sido trabajadores con todas las de la ley, pese a los contratos de consultoria.
Con más o menos regularidad, los famosos contratos de falsas auditorías eran castrados en sus pretensiones en las salas de la Suprema, con regocijo para los trabajadores y mala cara para los abogados de las empresas que pretendían la burla. Ahora que en algún caso un contrato de real auditoría era defenestrado por la Suprema y el pobre empresario se veía obligado a pagar el error humano con el dinero de su bolsillo, es evidente que sucedió, pero los casos no fueron abundantes.
Salvada esta parte, que nos pone a buen resguardo a fin de evitar que el lector diga que esta nota es una lata pues esto es conocidísimo por todo y más aún por los leguleyescos lectores de estás páginas, pasamos a la segunda parte, la prometida que provocará el rasgado de las vestiduras de muchos.
Ocurre que ahora el que ha tomado esta política de agresión contra los trabajadores, y trata de ocultar todo trabajo regular tras las falsas faldas de la consultoria es el gobierno!!!
Antes de seguir hiriendo susceptibilidades, el parche: No quiero hacer propaganda contra quien dirige el gobierno actual por lo que ruego a los adláteres de tan feliz gestión abstenerse de verme como rival político, y tratar de dar razones de las sinrazones que cuento. Pasado este bache vamos a los hechos.
El estado boliviano, tal vez con un secreto propósito de dignificar oficios, cuando no profesiones, ha determinado que todo aquel que entra a trabajar para el Fisco o Gobierno (nuevamente la mayúscula es sólo por costumbre) ha determinado que el portero, el chofer el mecánico, la vendedora de comida, todos ellos son consultores!!!!
Si lo duda, vea la página de contrataciones, donde se convoca a consultores para tareas de mensajero, a consultor para las tareas de jardinero, a consultor para las tareas de limpieza, a consultor para las tareas de chofer.
El fin evidente de estas mentiras oficiales es evitar tener que incorporar de manera definitiva a las planillas del estado a toda esa gama de personas que hacen el trabajo real, si bien no administrativo, de dar de comer al hambriento servidor público, llevar al dignatario al sitio de reunión, ir de oficina en oficina entregando los papeles de la burocracia, o podar los pastos de los patios ministeriales o las macetas de las secretarías de estado.
El estado, como organización jurídico política requiere de personas que estén de continuo en esa tarea, donde la práctica hace al maestro, sea maestro albañil, jardinero, o simplemente funcionario para todo propósito como los hay tantos.
El problema es que en cada cambio de conductores gubernamentales, se arrasa con los funcionarios de todo tipo, lo que convierte la carrera funcionaria en un mero paseo, de corta duración, por las dependencias del estado.
Pero volvamos al pecado original, ¿Cómo es posible que el gobierno repita las prácticas que debería combatir? ¿Es que algún abogado de empresas, acostumbrado a estas lides es ahora el nuevo consultor de las políticas legales del gobierno? ¿Esta iniquidad deja de ser tal porque la realiza el estado?
Como ven , las clases prácticas que se relatan para burlar la ley del trabajo, están en todas las páginas de internet sobre contrataciones del estado boliviano y en las gacetas respectivas. Interrumpo estas disquisiciones, pues debo llenar el formulario para postularme a ser consultor, en alguna parte, en alguna oficina, llorando porque no tendré seguridad laboral si lo logro, y no me molesta que usted diga «a llorar al río».
(*) El autor es abogado y miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa S.I.P. Publicado enBlog Law , 0 Comentarios2008-06-06 00:18:00por Guillermo Torres López *
El dilema sobre que viene primero, el huevo o la gallina, nos muestra que en el razonar del ser humano se exige y es básico un orden o sucesión de pensamientos que nos lleven a conclusiones. Las cosas, las normas, los sistemas, son fruto de sus antecedentes. No pueden las consecuencias entenderse sin los elementos que las provocan.
Esta introducción viene a cuento en relación a la justicia comunitaria, que en esta legislatura se ha convertido en un proyecto de ley promovida desde la burocracia estatal. Luego de las disquisiciones que siguen volvemos a la gallinita.
Para nadie es misterio el retroceso del estado boliviano, donde intelectuales que sólo son conocidos en el país, pretenden crear una república que refleje la realidad encontrada por los conquistadores españoles hace 500 años.
Y pese a que el lector boliviano sabe que, con más canela o más blancura, esta tierra es lugar de mestizos, y que indios ya no quedan salvo los selvícolas de la amazonía y que la vuelta de la tortilla a favor de los aborígenes es más discurso que realidad, sesudos antropólogos y oportunistas de siempre quieren hacernos creer que Atahuallpa esta vivito y coleando en las alturas del ex Tahuantinsuyo.
Ninguna importancia tendría estas posiciones, excepto cuando se convierten en verdades y razones de estado. Es allí que la extravagancia sumada a la ignorancia hacen la sopa del envenenamiento y la confusión nacional, circunstancia agravada aún más cuando pretende como fruto una ley.
Mientras la idea de nación es superada en una Europa que hace realidad la integración y junta desde turcos, griegos, germanos, nórdicos y españoles, y que el mundo del siglo XXI se inclina por la integración de mercados y de personas, Bolivia regresa a la época de la conquista y fragmenta el país bajo el ideario de las diversas nacionalidades, sembrando división y lo que es peor desigualdad jurídica.
«En febrero de 1992 se llevó a cabo la «Primera Asamblea de Naciones Originarias y del Pueblo», en la que participaron varias direcciones de las organizaciones Originarias e Indígenas a la cabeza de la CSUTCB y la CIDOB, la misma tenía el objetivo de que las Naciones Originarias y el Pueblo cuenten con un instrumento de poder y unidad, que constituya interlocutor válido para el todo el pueblo, que recupere su territorio y sea portador de los contenidos ideológicos de: clase, nación identidad y cultura, para la construcción de un Estado Multinacional, Pluricultural, Plurilingüe, Socialista Comunitario, Democrático con dignidad, participativo, con respeto mutuo entre los pueblos originarios, clase media empobrecida, pueblos mestizos y pueblo negro». El texto que acaban de leer entrecomillado y que los debe haber dejado sin aliento, es parte de la publicación en Internet denominada «Pueblos Indígenas en Bolivia» 1
Como pueden constatar esta declaración de variedad no nos da ninguna pista para saber quien es aborigen en esta república llamada Bolivia, y cuantos son los aborígenes y como se llaman, pues como se dice que el país en un pañuelo, creo que no es ninguna utopía inventariar los pretendidos pueblos indígenas y a cada aborigen en particular, con nombre, foto y tamaño de calzado.
Y si ni siquiera sabemos quienes son los aborígenes, ¿sabemos cual es el derecho, consuetudinario o escrito, que manejan? ¿Cuando se habla de justicia comunitaria, qué se quiere decir? ¿No sería mejor, antes de avanzar en estas disparatadas como ilegítimas normas, publicar el manual procedimental de reconocimiento del indígena? ¿Quien es originario o no en este país? ¿Y porqué?
La presunción que la ley es conocida por todos, en que queda respecto del derecho indígena o aborigen. ¿Dónde están los códices quechuas, las normas guaraníes, los compilados aymaras? ¿Se contempla en estas normativas originarias el guisado de Alcalde corrupto, el colgamiento del k’ara libidinoso, el descuartizamiento del cuatrero logrero y camba?
Cuando se define el concepto de cultura, y se señala que ese es uno de los valores que se pretende conservar con esto de la justicia comunitaria, resulta que « la cultura abarca el conjunto de las producciones materiales (objetos) y no materiales de una sociedad (significados, regularidades normativas, creencias y valores)»2 (1), lo que obliga a preguntarnos que es primero en esta tarea de entendimiento, es decir el saber cuáles son esas producciones materiales, esas regularidades normativas, antes que reconocerles valor como se pretende en la ley de justicia comunitaria.
Como lo prometido es ley, volvemos a la gallina y su huevo. Qué debe hacerse primero: la Ley que reconoce la justicia comunitaria, o inventariamos a los aborígenes y vemos si somos parte de ellos o no.
¿Quedará alguien fuera de esta lista de originarios? ¿Quedará alguien dentro de esta lista de autóctonos? ¿Los que no apelliden Condori, Mamani, Choquetijlla, serán declarados extranjeros y deberán ir al paredón? ¿Quién va primero, el huevo o la gallina?
Se constata que se pretende legislar una entelequia, una inexistencia. El uso que se haga después de este episodio, de una norma desde el inicio contraria a los principios jurídicos de nuestra civilización judeo-cristiana de seguro dará la razón a quienes ven en la pretendida justicia comunitaria, un sin sentido y una clara violación de la igualdad ante la ley.
* El autor es abogado y profesor universitario.
(Footnotes)
1
http://www.amazonia.bo/historia_p.php?id_contenido=1
2
http://www.monografias.com/trabajos13/quentend/quentend.shtml#CONTEMP
Publicado enBlog Law , 1 Comentarios2008-06-15 21:09:00
por Guillermo Torres López *
El dilema sobre que viene primero, el huevo o la gallina, nos muestra que en el razonar del ser humano se exige y es básico un orden o sucesión de pensamientos que nos lleven a conclusiones. Las cosas, las normas, los sistemas, son fruto de sus antecedentes. No pueden las consecuencias entenderse sin los elementos que las provocan.
Esta introducción viene a cuento en relación a la justicia comunitaria, que en esta legislatura se ha convertido en un proyecto de ley promovida desde la burocracia estatal. Luego de las disquisiciones que siguen volvemos a la gallinita.
Para nadie es misterio el retroceso del estado boliviano, donde intelectuales que sólo son conocidos en el país, pretenden crear una república que refleje la realidad encontrada por los conquistadores españoles hace 500 años.
Y pese a que el lector boliviano sabe que, con más canela o más blancura, esta tierra es lugar de mestizos, y que indios ya no quedan salvo los selvícolas de la amazonía y que la vuelta de la tortilla a favor de los aborígenes es más discurso que realidad, sesudos antropólogos y oportunistas de siempre quieren hacernos creer que Atahuallpa esta vivito y coleando en las alturas del ex Tahuantinsuyo.
Ninguna importancia tendría estas posiciones, excepto cuando se convierten en verdades y razones de estado. Es allí que la extravagancia sumada a la ignorancia hacen la sopa del envenenamiento y la confusión nacional, circunstancia agravada aún más cuando pretende como fruto una ley.
Mientras la idea de nación es superada en una Europa que hace realidad la integración y junta desde turcos, griegos, germanos, nórdicos y españoles, y que el mundo del siglo XXI se inclina por la integración de mercados y de personas, Bolivia regresa a la época de la conquista y fragmenta el país bajo el ideario de las diversas nacionalidades, sembrando división y lo que es peor desigualdad jurídica.
«En febrero de 1992 se llevó a cabo la «Primera Asamblea de Naciones Originarias y del Pueblo», en la que participaron varias direcciones de las organizaciones Originarias e Indígenas a la cabeza de la CSUTCB y la CIDOB, la misma tenía el objetivo de que las Naciones Originarias y el Pueblo cuenten con un instrumento de poder y unidad, que constituya interlocutor válido para el todo el pueblo, que recupere su territorio y sea portador de los contenidos ideológicos de: clase, nación identidad y cultura, para la construcción de un Estado Multinacional, Pluricultural, Plurilingüe, Socialista Comunitario, Democrático con dignidad, participativo, con respeto mutuo entre los pueblos originarios, clase media empobrecida, pueblos mestizos y pueblo negro». El texto que acaban de leer entrecomillado y que los debe haber dejado sin aliento, es parte de la publicación en Internet denominada «Pueblos Indígenas en Bolivia» 1
Como pueden constatar esta declaración de variedad no nos da ninguna pista para saber quien es aborigen en esta república llamada Bolivia, y cuantos son los aborígenes y como se llaman, pues como se dice que el país en un pañuelo, creo que no es ninguna utopía inventariar los pretendidos pueblos indígenas y a cada aborigen en particular, con nombre, foto y tamaño de calzado.
Y si ni siquiera sabemos quienes son los aborígenes, ¿sabemos cual es el derecho, consuetudinario o escrito, que manejan? ¿Cuando se habla de justicia comunitaria, qué se quiere decir? ¿No sería mejor, antes de avanzar en estas disparatadas como ilegítimas normas, publicar el manual procedimental de reconocimiento del indígena? ¿Quien es originario o no en este país? ¿Y porqué?
La presunción que la ley es conocida por todos, en que queda respecto del derecho indígena o aborigen. ¿Dónde están los códices quechuas, las normas guaraníes, los compilados aymaras? ¿Se contempla en estas normativas originarias el guisado de Alcalde corrupto, el colgamiento del k’ara libidinoso, el descuartizamiento del cuatrero logrero y camba?
Cuando se define el concepto de cultura, y se señala que ese es uno de los valores que se pretende conservar con esto de la justicia comunitaria, resulta que « la cultura abarca el conjunto de las producciones materiales (objetos) y no materiales de una sociedad (significados, regularidades normativas, creencias y valores)»2 (1), lo que obliga a preguntarnos que es primero en esta tarea de entendimiento, es decir el saber cuáles son esas producciones materiales, esas regularidades normativas, antes que reconocerles valor como se pretende en la ley de justicia comunitaria.
Como lo prometido es ley, volvemos a la gallina y su huevo. Qué debe hacerse primero: la Ley que reconoce la justicia comunitaria, o inventariamos a los aborígenes y vemos si somos parte de ellos o no.
¿Quedará alguien fuera de esta lista de originarios? ¿Quedará alguien dentro de esta lista de autóctonos? ¿Los que no apelliden Condori, Mamani, Choquetijlla, serán declarados extranjeros y deberán ir al paredón? ¿Quién va primero, el huevo o la gallina?
Se constata que se pretende legislar una entelequia, una inexistencia. El uso que se haga después de este episodio, de una norma desde el inicio contraria a los principios jurídicos de nuestra civilización judeo-cristiana de seguro dará la razón a quienes ven en la pretendida justicia comunitaria, un sin sentido y una clara violación de la igualdad ante la ley.
* El autor es abogado y profesor universitario.
(Footnotes)
1
http://www.amazonia.bo/historia_p.php?id_contenido=1
2
http://www.monografias.com/trabajos13/quentend/quentend.shtml#CONTEMP
Publicado enBlog Law , 0 Comentarios2008-06-19 17:12:00por Guillermo Torres López (*)
Para los lectores no les es ajena la afirmación que el derecho laboral está pensado para favorecer a los trabajadores. Esta verdad de perogrullo siempre fue enfrentada por los empresarios, como una muralla a sus utilidades y por lo tanto no ha sido raro el buscar las mil y una maneras de evitar cumplir con la ley del trabajo y por ende no reconocer los derechos de sus empleados.
Si bien la conducta puede ser de poca claridad ética, no es extraño que los jurisperitos reciban jugosas sumas por imaginar las mil y una formas de burlar la ley, actividad que no pretendemos juzgar en esta nota.
Frente a esta disputa, el Estado (va con mayúscula sólo por costumbre) como expresión supuesta de las mayorías tratará de proteger a los trabajadores frente a las empresas, entendiendo la debilidad del sector laboral.
De seguro que en el país, con instituciones que agrupan a los asalariados, de tanta fama y trayectoria como la Central Obrera y todas sus departamentales, lo referido anteriormente suena a conocido, y por lo tanto aburrido.
Usted empezó a leer esta nota por saber como burlar las leyes del trabajo, o tal vez para poder, luego de la lectura, rasgar sus vestiduras sobre lo dicho y hecho.
Así que al grano: Una de las maneras de burlar la ley del trabajo es disfrazar la relación de trabajo, ocultarla, negarla, maquillarla, mostrarla de otra manera, en fin, disimularla ante el posible juez que conozca el reclamo.
Cuando la bombilla, foco o ampolleta de luz se prendió en el seso de uno de los avispados abogados de esta nación, apareció el consultor, como respuesta a todos los males que para la empresa son las leyes del trabajo.
Fue una de las primeras maneras perdurable en el tiempo que ha buscado burlar la ley del trabajo, tratando de esconder la relación laboral, para evitar el pago de los beneficios sociales, que cuando uno es trabajador, parecen tan pequeños y que cuando uno es empresario se ven tan desmedidas.
Pero la astucia abogadil no impidió que los Magistrados de la Corte Suprema, por lo visto más avispados y sobre todo anoticiados del fraude, llegado el caso, se rieran en la noticia que un auditor, un ingeniero, un abogado, un dentista o lo que sea, luego de años de falso consultor, no pudiese reclamar esos beneficios sociales, que mostrábamos hace poco, dándoles la razón a los que alegaban haber sido trabajadores con todas las de la ley, pese a los contratos de consultoria.
Con más o menos regularidad, los famosos contratos de falsas auditorías eran castrados en sus pretensiones en las salas de la Suprema, con regocijo para los trabajadores y mala cara para los abogados de las empresas que pretendían la burla. Ahora que en algún caso un contrato de real auditoría era defenestrado por la Suprema y el pobre empresario se veía obligado a pagar el error humano con el dinero de su bolsillo, es evidente que sucedió, pero los casos no fueron abundantes.
Salvada esta parte, que nos pone a buen resguardo a fin de evitar que el lector diga que esta nota es una lata pues esto es conocidísimo por todo y más aún por los leguleyescos lectores de estás páginas, pasamos a la segunda parte, la prometida que provocará el rasgado de las vestiduras de muchos.
Ocurre que ahora el que ha tomado esta política de agresión contra los trabajadores, y trata de ocultar todo trabajo regular tras las falsas faldas de la consultoria es el gobierno!!!
Antes de seguir hiriendo susceptibilidades, el parche: No quiero hacer propaganda contra quien dirige el gobierno actual por lo que ruego a los adláteres de tan feliz gestión abstenerse de verme como rival político, y tratar de dar razones de las sinrazones que cuento. Pasado este bache vamos a los hechos.
El estado boliviano, tal vez con un secreto propósito de dignificar oficios, cuando no profesiones, ha determinado que todo aquel que entra a trabajar para el Fisco o Gobierno (nuevamente la mayúscula es sólo por costumbre) ha determinado que el portero, el chofer el mecánico, la vendedora de comida, todos ellos son consultores!!!!
Si lo duda, vea la página de contrataciones, donde se convoca a consultores para tareas de mensajero, a consultor para las tareas de jardinero, a consultor para las tareas de limpieza, a consultor para las tareas de chofer.
El fin evidente de estas mentiras oficiales es evitar tener que incorporar de manera definitiva a las planillas del estado a toda esa gama de personas que hacen el trabajo real, si bien no administrativo, de dar de comer al hambriento servidor público, llevar al dignatario al sitio de reunión, ir de oficina en oficina entregando los papeles de la burocracia, o podar los pastos de los patios ministeriales o las macetas de las secretarías de estado.
El estado, como organización jurídico política requiere de personas que estén de continuo en esa tarea, donde la práctica hace al maestro, sea maestro albañil, jardinero, o simplemente funcionario para todo propósito como los hay tantos.
El problema es que en cada cambio de conductores gubernamentales, se arrasa con los funcionarios de todo tipo, lo que convierte la carrera funcionaria en un mero paseo, de corta duración, por las dependencias del estado.
Pero volvamos al pecado original, ¿Cómo es posible que el gobierno repita las prácticas que debería combatir? ¿Es que algún abogado de empresas, acostumbrado a estas lides es ahora el nuevo consultor de las políticas legales del gobierno? ¿Esta iniquidad deja de ser tal porque la realiza el estado?
Como ven , las clases prácticas que se relatan para burlar la ley del trabajo, están en todas las páginas de internet sobre contrataciones del estado boliviano y en las gacetas respectivas. Interrumpo estas disquisiciones, pues debo llenar el formulario para postularme a ser consultor, en alguna parte, en alguna oficina, llorando porque no tendré seguridad laboral si lo logro, y no me molesta que usted diga «a llorar al río».
(*) El autor es abogado y miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa S.I.P.
Publicado enBlog Law , 0 Comentarios2008-06-19 18:34:00por Guillermo Torres López *
El dilema sobre que viene primero, el huevo o la gallina, nos muestra que en el razonar del ser humano se exige y es básico un orden o sucesión de pensamientos que nos lleven a conclusiones. Las cosas, las normas, los sistemas, son fruto de sus antecedentes. No pueden las consecuencias entenderse sin los elementos que las provocan.
Esta introducción viene a cuento en relación a la justicia comunitaria, que en esta legislatura se ha convertido en un proyecto de ley promovida desde la burocracia estatal. Luego de las disquisiciones que siguen volvemos a la gallinita.
Para nadie es misterio el retroceso del estado boliviano, donde intelectuales que sólo son conocidos en el país, pretenden crear una república que refleje la realidad encontrada por los conquistadores españoles hace 500 años.
Y pese a que el lector boliviano sabe que, con más canela o más blancura, esta tierra es lugar de mestizos, y que indios ya no quedan salvo los selvícolas de la amazonía y que la vuelta de la tortilla a favor de los aborígenes es más discurso que realidad, sesudos antropólogos y oportunistas de siempre quieren hacernos creer que Atahuallpa esta vivito y coleando en las alturas del ex Tahuantinsuyo.
Ninguna importancia tendría estas posiciones, excepto cuando se convierten en verdades y razones de estado. Es allí que la extravagancia sumada a la ignorancia hacen la sopa del envenenamiento y la confusión nacional, circunstancia agravada aún más cuando pretende como fruto una ley.
Mientras la idea de nación es superada en una Europa que hace realidad la integración y junta desde turcos, griegos, germanos, nórdicos y españoles, y que el mundo del siglo XXI se inclina por la integración de mercados y de personas, Bolivia regresa a la época de la conquista y fragmenta el país bajo el ideario de las diversas nacionalidades, sembrando división y lo que es peor desigualdad jurídica.
«En febrero de 1992 se llevó a cabo la «Primera Asamblea de Naciones Originarias y del Pueblo», en la que participaron varias direcciones de las organizaciones Originarias e Indígenas a la cabeza de la CSUTCB y la CIDOB, la misma tenía el objetivo de que las Naciones Originarias y el Pueblo cuenten con un instrumento de poder y unidad, que constituya interlocutor válido para el todo el pueblo, que recupere su territorio y sea portador de los contenidos ideológicos de: clase, nación identidad y cultura, para la construcción de un Estado Multinacional, Pluricultural, Plurilingüe, Socialista Comunitario, Democrático con dignidad, participativo, con respeto mutuo entre los pueblos originarios, clase media empobrecida, pueblos mestizos y pueblo negro». El texto que acaban de leer entrecomillado y que los debe haber dejado sin aliento, es parte de la publicación en Internet denominada «Pueblos Indígenas en Bolivia» 1
Como pueden constatar esta declaración de variedad no nos da ninguna pista para saber quien es aborigen en esta república llamada Bolivia, y cuantos son los aborígenes y como se llaman, pues como se dice que el país en un pañuelo, creo que no es ninguna utopía inventariar los pretendidos pueblos indígenas y a cada aborigen en particular, con nombre, foto y tamaño de calzado.
Y si ni siquiera sabemos quienes son los aborígenes, ¿sabemos cual es el derecho, consuetudinario o escrito, que manejan? ¿Cuando se habla de justicia comunitaria, qué se quiere decir? ¿No sería mejor, antes de avanzar en estas disparatadas como ilegítimas normas, publicar el manual procedimental de reconocimiento del indígena? ¿Quien es originario o no en este país? ¿Y porqué?
La presunción que la ley es conocida por todos, en que queda respecto del derecho indígena o aborigen. ¿Dónde están los códices quechuas, las normas guaraníes, los compilados aymaras? ¿Se contempla en estas normativas originarias el guisado de Alcalde corrupto, el colgamiento del k’ara libidinoso, el descuartizamiento del cuatrero logrero y camba?
Cuando se define el concepto de cultura, y se señala que ese es uno de los valores que se pretende conservar con esto de la justicia comunitaria, resulta que « la cultura abarca el conjunto de las producciones materiales (objetos) y no materiales de una sociedad (significados, regularidades normativas, creencias y valores)»2 (1), lo que obliga a preguntarnos que es primero en esta tarea de entendimiento, es decir el saber cuáles son esas producciones materiales, esas regularidades normativas, antes que reconocerles valor como se pretende en la ley de justicia comunitaria.
Como lo prometido es ley, volvemos a la gallina y su huevo. Qué debe hacerse primero: la Ley que reconoce la justicia comunitaria, o inventariamos a los aborígenes y vemos si somos parte de ellos o no.
¿Quedará alguien fuera de esta lista de originarios? ¿Quedará alguien dentro de esta lista de autóctonos? ¿Los que no apelliden Condori, Mamani, Choquetijlla, serán declarados extranjeros y deberán ir al paredón? ¿Quién va primero, el huevo o la gallina?
Se constata que se pretende legislar una entelequia, una inexistencia. El uso que se haga después de este episodio, de una norma desde el inicio contraria a los principios jurídicos de nuestra civilización judeo-cristiana de seguro dará la razón a quienes ven en la pretendida justicia comunitaria, un sin sentido y una clara violación de la igualdad ante la ley.
* El autor es abogado y profesor universitario.
(Footnotes)
1
http://www.amazonia.bo/historia_p.php?id_contenido=1
2
http://www.monografias.com/trabajos13/quentend/quentend.shtml#CONTEMP
Publicado enBlog Law , 0 Comentarios2008-06-18 11:05:00
por Guillermo Torres López (*)
Si al leer este título usted se imagina una mesa alumbrada con velas, un mantel blanco, ella y él tomados de la mano, las cabezas juntas, las miradas lánguidas, y entre ambos un libro de derecho civil, abierto, mientras música de violines dan aún más esa atmósfera de amor y estudio, pues lamentablemente se equivocó, ya que este título no se refiere a romances en torno del ordenamiento jurídico, sino más bien a los especímenes que quieren retornar a tiempos pasados, donde campeaba el derecho dizque natural, y donde teología, moral y derecho era todos una misma ensalada.
Dentro de la variopinta fauna del ser humano, hay de todo, desde el estudioso compulsivo, pasando por el zángano gracioso, el trabajador empedernido, el genio incomprendido, el dirigente nato, el huelguista hasta las últimas consecuencias y, él, el romántico, el que ve que todo tiempo pasado fue mejor.
Este ataque de retrogradación es propia del género humano y se manifiesta aún más cuando la sociedad que cobija a este romántico está en decadencia.
Según nuestros abuelos, todo tiempo pasado fue mejor, expresión justificada cuando ya no se puede subir escaleras, comer sin problemas gástricos, o al menos sin dientes, y nuestra vida se reduce a vivir de la jubilación y a dar buenos consejos, ya que la edad nos imposibilita dar malos ejemplos.
De seguro y en este tren de cosas usted estará además sumando que la senectud, flaca de memoria, cree que lo anterior fue mejor, básicamente porque ya no hay recuerdos de lo malo y en el ser humano tiende sólo a memorizar lo excelente o beneficioso.
Pero... están los otros. Esos homínidos que sin ser senectos añoran un tiempo que no vivieron, gimen por épocas pasadas que cobran dimensiones de épica en su afiebrada imaginación aunque nada tenga que ver con la realidad. Si son médicos, aborrecen el escaner y la tomografía axial computarizada y se imaginan ser galenos de cabecera en tiempos de Moliere. Si son ingenieros consideran que el batido de huevo y cal supera con creces a los fierros de las construcciones actuales. Si son militares, les gustaría realizar una carga de caballería en vez de pelear con bombas atómicas.
Entre sus argumentos está la recuperación de los valores eternos del ser humano, la bondad innata del hombre en épocas pasadas, y la certeza que lo viejo es mejor que lo actual y que si fuésemos inteligentes volveríamos a la edad de las cavernas, donde al menos no existía el capitalismo norteamericano.
Son furiosos lectores de ideologías pasadas como el El Capital de Carlos Marx, o las teorías rusonianas del hombre natural, y muchos de ellos quieren resolver los problemas de tránsito actuales leyendo budismo, meditación zen e incluso la patrística.
En mis andanzas por el mundo he conocido algunos a quienes les gustaría restaurar el imperio turco otomano, otros que quieren reconstruir el muro de Berlín, pero esta vez en la frontera entre México y los Estados Unidos, otros que añoran las filas de la Alemania democrática, «en las que se vivía tanta solidaridad humana».
Dentro de sus virtudes, está que son buenos tipos, convencidos, crédulos, un poco fanáticos, medio ciegos y entre sus defectos, que son digeribles en conversación solo una vez, convirtiéndose luego en pesados y pedantes contertulios.
Son peligrosos sólo cuando ejercen poder. En ese momento es urgente recurrir a la autoridad sanitaria más cercana ya que sus opciones cuando eran particulares e inocuas se convierten en peligro nacional al pretender aplicarse a la generalidad.
Este espíritu de retrogradación está también presente entre los abogados. De seguro le ha tocado a usted algún venerable y digno jurisconsulto que añora el examen de Corte y el bastón de la profesión, cual cetro de mando. O aquel que le gustaría acudir de chistera a tribunales de mármol. Aspiraciones por lo bello de antaño que no le hacen mal a nadie.
Entre estos románticos podrá encontrar incluso a venerados pensadores, como Bobbio y su agiornado derecho natural. Decíamos que el peligro que encierran estas posiciones, salvo la discusión doctrinal, para quien tenga el tiempo y la gana, es casi inexistente, sólo con un pero: ¿qué ocurre si a estos románticos se les deja llevar sus fantasías a la realidad?
La buena intención se convierte en intentos de retornar la historia a sus comienzos. Por ejemplo entre los guerrilleros maoístas del Perú, la idea era acabar con los pueblos de base indígena que apoyaron a los españoles, es decir los continuadores de la defensa de Huascar, debían ser sacrificados por ser mitayos de los invasores.
Hay un presidente por la parte alta de esta América del sur, que pretende recrear la gran Colombia desde su Venezuela. Otro en una isla caribeña, que envejeció pensando en la creación de un hombre nuevo hecho a la antigua, país en que todos esperan que el abuelo estire la pata, para que ese pueblo pase a mejor vida, de acuerdo a los tiempos actuales.
Esos románticos del derecho son enemigos declarados del positivismo jurídico, odian a Kelsen y su estado de derecho, les molesta todo lo que sea modernidad y postmodernidad, y si pudieran tener la máquina del tiempo, estarían en la guardia personal de Melgarejo, primer líder popular.
Pese a la falta de información histórica, inventan edenes en el alto Perú e imaginan sistemas jurídicos inexistentes en pueblos de utopía, olvidando la barbarie que encontraron los españoles en la América.
En esta democracia de siglo XXI son una especie que se pone nuevamente de moda. Ahí los podemos ver vestidos a la supuesta usanza de tiempos anteriores, rechazando saco y corbata, no por mayor libertad, sino como una postura de retorno, de regreso, de vuelta atrás.
Son los amantes del pasado, de las divisiones, del país pre republicano, del que odian su unidad y sus leyes. Estos románticos de antaño son nuestro peligro de hoy.
(*) El autor es abogado y por lo que se ve, intenta pasar por postmoderno y además admira a Kelsen, aunque también tiene su veta romántica Publicado enBlog Law , 0 Comentarios2008-06-26 04:58:00por Guillermo Torres López (*)
Para los lectores no les es ajena la afirmación que el derecho laboral está pensado para favorecer a los trabajadores. Esta verdad de perogrullo siempre fue enfrentada por los empresarios, como una muralla a sus utilidades y por lo tanto no ha sido raro el buscar las mil y una maneras de evitar cumplir con la ley del trabajo y por ende no reconocer los derechos de sus empleados.
Si bien la conducta puede ser de poca claridad ética, no es extraño que los jurisperitos reciban jugosas sumas por imaginar las mil y una formas de burlar la ley, actividad que no pretendemos juzgar en esta nota.
Frente a esta disputa, el Estado (va con mayúscula sólo por costumbre) como expresión supuesta de las mayorías tratará de proteger a los trabajadores frente a las empresas, entendiendo la debilidad del sector laboral.
De seguro que en el país, con instituciones que agrupan a los asalariados, de tanta fama y trayectoria como la Central Obrera y todas sus departamentales, lo referido anteriormente suena a conocido, y por lo tanto aburrido.
Usted empezó a leer esta nota por saber como burlar las leyes del trabajo, o tal vez para poder, luego de la lectura, rasgar sus vestiduras sobre lo dicho y hecho.
Así que al grano: Una de las maneras de burlar la ley del trabajo es disfrazar la relación de trabajo, ocultarla, negarla, maquillarla, mostrarla de otra manera, en fin, disimularla ante el posible juez que conozca el reclamo.
Cuando la bombilla, foco o ampolleta de luz se prendió en el seso de uno de los avispados abogados de esta nación, apareció el consultor, como respuesta a todos los males que para la empresa son las leyes del trabajo.
Fue una de las primeras maneras perdurable en el tiempo que ha buscado burlar la ley del trabajo, tratando de esconder la relación laboral, para evitar el pago de los beneficios sociales, que cuando uno es trabajador, parecen tan pequeños y que cuando uno es empresario se ven tan desmedidas.
Pero la astucia abogadil no impidió que los Magistrados de la Corte Suprema, por lo visto más avispados y sobre todo anoticiados del fraude, llegado el caso, se rieran en la noticia que un auditor, un ingeniero, un abogado, un dentista o lo que sea, luego de años de falso consultor, no pudiese reclamar esos beneficios sociales, que mostrábamos hace poco, dándoles la razón a los que alegaban haber sido trabajadores con todas las de la ley, pese a los contratos de consultoria.
Con más o menos regularidad, los famosos contratos de falsas auditorías eran castrados en sus pretensiones en las salas de la Suprema, con regocijo para los trabajadores y mala cara para los abogados de las empresas que pretendían la burla. Ahora que en algún caso un contrato de real auditoría era defenestrado por la Suprema y el pobre empresario se veía obligado a pagar el error humano con el dinero de su bolsillo, es evidente que sucedió, pero los casos no fueron abundantes.
Salvada esta parte, que nos pone a buen resguardo a fin de evitar que el lector diga que esta nota es una lata pues esto es conocidísimo por todo y más aún por los leguleyescos lectores de estás páginas, pasamos a la segunda parte, la prometida que provocará el rasgado de las vestiduras de muchos.
Ocurre que ahora el que ha tomado esta política de agresión contra los trabajadores, y trata de ocultar todo trabajo regular tras las falsas faldas de la consultoria es el gobierno!!!
Antes de seguir hiriendo susceptibilidades, el parche: No quiero hacer propaganda contra quien dirige el gobierno actual por lo que ruego a los adláteres de tan feliz gestión abstenerse de verme como rival político, y tratar de dar razones de las sinrazones que cuento. Pasado este bache vamos a los hechos.
El estado boliviano, tal vez con un secreto propósito de dignificar oficios, cuando no profesiones, ha determinado que todo aquel que entra a trabajar para el Fisco o Gobierno (nuevamente la mayúscula es sólo por costumbre) ha determinado que el portero, el chofer el mecánico, la vendedora de comida, todos ellos son consultores!!!!
Si lo duda, vea la página de contrataciones en internet, donde se convoca a consultores para tareas de mensajero, a consultor para las tareas de jardinero, a consultor para las tareas de limpieza, a consultor para las tareas de chofer.
El fin evidente de estas mentiras oficiales es evitar tener que incorporar de manera definitiva a las planillas del estado a toda esa gama de personas que hacen el trabajo real, si bien no administrativo, de dar de comer al hambriento servidor público, llevar al dignatario al sitio de reunión, ir de oficina en oficina entregando los papeles de la burocracia, o podar los pastos de los patios ministeriales o las macetas de las secretarías de estado.
El estado, como organización jurídico política requiere de personas que estén de continuo en esa tarea, donde la práctica hace al maestro, sea maestro albañil, jardinero, o simplemente funcionario para todo propósito como los hay tantos.
El problema es que en cada cambio de conductores gubernamentales, se arrasa con los funcionarios de todo tipo, lo que convierte la carrera funcionaria en un mero paseo, de corta duración, por las dependencias del estado.
Pero volvamos al pecado original, ¿Cómo es posible que el gobierno repita las prácticas que debería combatir? ¿Es que algún abogado de empresas, acostumbrado a estas lides es ahora el nuevo consultor de las políticas legales del gobierno? ¿Esta iniquidad deja de ser tal porque la realiza el estado?
Como ven , las clases prácticas que se relatan para burlar la ley del trabajo, están en todas las páginas de internet sobre contrataciones del estado boliviano y en las gacetas respectivas. Interrumpo estas disquisiciones, pues debo llenar el formulario para postularme a ser consultor, en alguna parte, en alguna oficina, llorando porque no tendré seguridad laboral si lo logro, y no me molesta que usted diga «a llorar al río».
(*) El autor es abogado y miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa S.I.P.
Publicado enBlog Law , 0 Comentarios2008-06-26 05:00:00 por Guillermo Torres López (*)
Si al leer este título usted se imagina una mesa alumbrada con velas, un mantel blanco, ella y él tomados de la mano, las cabezas juntas, las miradas lánguidas, y entre ambos un libro de derecho civil, abierto, mientras música de violines dan aún más esa atmósfera de amor y estudio, pues lamentablemente se equivocó, ya que este título no se refiere a romances en torno del ordenamiento jurídico, sino más bien a los especímenes que quieren retornar a tiempos pasados, donde campeaba el derecho dizque natural, y donde teología, moral y derecho era todos una misma ensalada.
Dentro de la variopinta fauna del ser humano, hay de todo, desde el estudioso compulsivo, pasando por el zángano gracioso, el trabajador empedernido, el genio incomprendido, el dirigente nato, el huelguista hasta las últimas consecuencias y, él, el romántico, el que ve que todo tiempo pasado fue mejor.
Este ataque de retrogradación es propia del género humano y se manifiesta aún más cuando la sociedad que cobija a este romántico está en decadencia.
Según nuestros abuelos, todo tiempo pasado fue mejor, expresión justificada cuando ya no se puede subir escaleras, comer sin problemas gástricos, o al menos sin dientes, y nuestra vida se reduce a vivir de la jubilación y a dar buenos consejos, ya que la edad nos imposibilita dar malos ejemplos.
De seguro y en este tren de cosas usted estará además sumando que la senectud, flaca de memoria, cree que lo anterior fue mejor, básicamente porque ya no hay recuerdos de lo malo y en el ser humano tiende sólo a memorizar lo excelente o beneficioso.
Pero... están los otros. Esos homínidos que sin ser senectos añoran un tiempo que no vivieron, gimen por épocas pasadas que cobran dimensiones de épica en su afiebrada imaginación aunque nada tenga que ver con la realidad. Si son médicos, aborrecen el escaner y la tomografía axial computarizada y se imaginan ser galenos de cabecera en tiempos de Moliere. Si son ingenieros consideran que el batido de huevo y cal supera con creces a los fierros de las construcciones actuales. Si son militares, les gustaría realizar una carga de caballería en vez de pelear con bombas atómicas.
Entre sus argumentos está la recuperación de los valores eternos del ser humano, la bondad innata del hombre en épocas pasadas, y la certeza que lo viejo es mejor que lo actual y que si fuésemos inteligentes volveríamos a la edad de las cavernas, donde al menos no existía el capitalismo norteamericano.
Son furiosos lectores de ideologías pasadas como el El Capital de Carlos Marx, o las teorías rusonianas del hombre natural, y muchos de ellos quieren resolver los problemas de tránsito actuales leyendo budismo, meditación zen e incluso la patrística.
En mis andanzas por el mundo he conocido algunos a quienes les gustaría restaurar el imperio turco otomano, otros que quieren reconstruir el muro de Berlín, pero esta vez en la frontera entre México y los Estados Unidos, otros que añoran las filas de la Alemania democrática, «en las que se vivía tanta solidaridad humana».
Dentro de sus virtudes, está que son buenos tipos, convencidos, crédulos, un poco fanáticos, medio ciegos y entre sus defectos, que son digeribles en conversación solo una vez, convirtiéndose luego en pesados y pedantes contertulios.
Son peligrosos sólo cuando ejercen poder. En ese momento es urgente recurrir a la autoridad sanitaria más cercana ya que sus opciones cuando eran particulares e inocuas se convierten en peligro nacional al pretender aplicarse a la generalidad.
Este espíritu de retrogradación está también presente entre los abogados. De seguro le ha tocado a usted algún venerable y digno jurisconsulto que añora el examen de Corte y el bastón de la profesión, cual cetro de mando. O aquel que le gustaría acudir de chistera a tribunales de mármol. Aspiraciones por lo bello de antaño que no le hacen mal a nadie.
Entre estos románticos podrá encontrar incluso a venerados pensadores, como Bobbio y su agiornado derecho natural. Decíamos que el peligro que encierran estas posiciones, salvo la discusión doctrinal, para quien tenga el tiempo y la gana, es casi inexistente, sólo con un pero: ¿qué ocurre si a estos románticos se les deja llevar sus fantasías a la realidad?
La buena intención se convierte en intentos de retornar la historia a sus comienzos. Por ejemplo entre los guerrilleros maoístas del Perú, la idea era acabar con los pueblos de base indígena que apoyaron a los españoles, es decir los continuadores de la defensa de Huascar, debían ser sacrificados por ser mitayos de los invasores.
Hay un presidente por la parte alta de esta América del sur, que pretende recrear la gran Colombia desde su Venezuela. Otro en una isla caribeña, que envejeció pensando en la creación de un hombre nuevo hecho a la antigua, país en que todos esperan que el abuelo estire la pata, para que ese pueblo pase a mejor vida, de acuerdo a los tiempos actuales.
Esos románticos del derecho son enemigos declarados del positivismo jurídico, odian a Kelsen y su estado de derecho, les molesta todo lo que sea modernidad y postmodernidad, y si pudieran tener la máquina del tiempo, estarían en la guardia personal de Melgarejo, primer líder popular.
Pese a la falta de información histórica, inventan edenes en el alto Perú e imaginan sistemas jurídicos inexistentes en pueblos de utopía, olvidando la barbarie que encontraron los españoles en la América.
En esta democracia de siglo XXI son una especie que se pone nuevamente de moda. Ahí los podemos ver vestidos a la supuesta usanza de tiempos anteriores, rechazando saco y corbata, no por mayor libertad, sino como una postura de retorno, de regreso, de vuelta atrás.
Son los amantes del pasado, de las divisiones, del país pre republicano, del que odian su unidad y sus leyes. Estos románticos de antaño son nuestro peligro de hoy.
(*) El autor es abogado y por lo que se ve, intenta pasar por postmoderno y además admira a Kelsen, aunque también tiene su veta romántica
Publicado enBlog Law , 0 Comentarios2008-06-26 05:03:00
por Guillermo Torres López *
El dilema sobre que viene primero, el huevo o la gallina, nos muestra que en el razonar del ser humano se exige y es básico un orden o sucesión de pensamientos que nos lleven a conclusiones. Las cosas, las normas, los sistemas, son fruto de sus antecedentes. No pueden las consecuencias entenderse sin los elementos que las provocan.
Esta introducción viene a cuento en relación a la justicia comunitaria, que en esta legislatura se ha convertido en un proyecto de ley promovida desde la burocracia estatal. Luego de las disquisiciones que siguen volvemos a la gallinita.
Para nadie es misterio el retroceso del estado boliviano, donde intelectuales que sólo son conocidos en el país, pretenden crear una república que refleje la realidad encontrada por los conquistadores españoles hace 500 años.
Y pese a que el lector boliviano sabe que, con más canela o más blancura, esta tierra es lugar de mestizos, y que indios ya no quedan salvo los selvícolas de la amazonía y que la vuelta de la tortilla a favor de los aborígenes es más discurso que realidad, sesudos antropólogos y oportunistas de siempre quieren hacernos creer que Atahuallpa esta vivito y coleando en las alturas del ex Tahuantinsuyo.
Ninguna importancia tendría estas posiciones, excepto cuando se convierten en verdades y razones de estado. Es allí que la extravagancia sumada a la ignorancia hacen la sopa del envenenamiento y la confusión nacional, circunstancia agravada aún más cuando pretende como fruto una ley.
Mientras la idea de nación es superada en una Europa que hace realidad la integración y junta desde turcos, griegos, germanos, nórdicos y españoles, y que el mundo del siglo XXI se inclina por la integración de mercados y de personas, Bolivia regresa a la época de la conquista y fragmenta el país bajo el ideario de las diversas nacionalidades, sembrando división y lo que es peor desigualdad jurídica.
«En febrero de 1992 se llevó a cabo la «Primera Asamblea de Naciones Originarias y del Pueblo», en la que participaron varias direcciones de las organizaciones Originarias e Indígenas a la cabeza de la CSUTCB y la CIDOB, la misma tenía el objetivo de que las Naciones Originarias y el Pueblo cuenten con un instrumento de poder y unidad, que constituya interlocutor válido para el todo el pueblo, que recupere su territorio y sea portador de los contenidos ideológicos de: clase, nación identidad y cultura, para la construcción de un Estado Multinacional, Pluricultural, Plurilingüe, Socialista Comunitario, Democrático con dignidad, participativo, con respeto mutuo entre los pueblos originarios, clase media empobrecida, pueblos mestizos y pueblo negro». El texto que acaban de leer entrecomillado y que los debe haber dejado sin aliento, es parte de la publicación en Internet denominada «Pueblos Indígenas en Bolivia» 1
Como pueden constatar esta declaración de variedad no nos da ninguna pista para saber quien es aborigen en esta república llamada Bolivia, y cuantos son los aborígenes y como se llaman, pues como se dice que el país en un pañuelo, creo que no es ninguna utopía inventariar los pretendidos pueblos indígenas y a cada aborigen en particular, con nombre, foto y tamaño de calzado.
Y si ni siquiera sabemos quienes son los aborígenes, ¿sabemos cual es el derecho, consuetudinario o escrito, que manejan? ¿Cuando se habla de justicia comunitaria, qué se quiere decir? ¿No sería mejor, antes de avanzar en estas disparatadas como ilegítimas normas, publicar el manual procedimental de reconocimiento del indígena? ¿Quien es originario o no en este país? ¿Y porqué?
La presunción que la ley es conocida por todos, en que queda respecto del derecho indígena o aborigen. ¿Dónde están los códices quechuas, las normas guaraníes, los compilados aymaras? ¿Se contempla en estas normativas originarias el guisado de Alcalde corrupto, el colgamiento del k’ara libidinoso, el descuartizamiento del cuatrero logrero y camba?
Cuando se define el concepto de cultura, y se señala que ese es uno de los valores que se pretende conservar con esto de la justicia comunitaria, resulta que « la cultura abarca el conjunto de las producciones materiales (objetos) y no materiales de una sociedad (significados, regularidades normativas, creencias y valores)»2 (1), lo que obliga a preguntarnos que es primero en esta tarea de entendimiento, es decir el saber cuáles son esas producciones materiales, esas regularidades normativas, antes que reconocerles valor como se pretende en la ley de justicia comunitaria.
Como lo prometido es ley, volvemos a la gallina y su huevo. Qué debe hacerse primero: la Ley que reconoce la justicia comunitaria, o inventariamos a los aborígenes y vemos si somos parte de ellos o no.
¿Quedará alguien fuera de esta lista de originarios? ¿Quedará alguien dentro de esta lista de autóctonos? ¿Los que no apelliden Condori, Mamani, Choquetijlla, serán declarados extranjeros y deberán ir al paredón? ¿Quién va primero, el huevo o la gallina?
Se constata que se pretende legislar una entelequia, una inexistencia. El uso que se haga después de este episodio, de una norma desde el inicio contraria a los principios jurídicos de nuestra civilización judeo-cristiana de seguro dará la razón a quienes ven en la pretendida justicia comunitaria, un sin sentido y una clara violación de la igualdad ante la ley.
* El autor es abogado y profesor universitario.
(Footnotes)
1
http://www.amazonia.bo/historia_p.php?id_contenido=1
2
http://www.monografias.com/trabajos13/quentend/quentend.shtml#CONTEMP Publicado enBlog Law , 0 Comentarios2008-07-09 14:35:00
por Guillermo Torres López (*)
Para los lectores no les es ajena la afirmación que el derecho laboral está pensado para favorecer a los trabajadores. Esta verdad de perogrullo siempre fue enfrentada por los empresarios, como una muralla a sus utilidades y por lo tanto no ha sido raro el buscar las mil y una maneras de evitar cumplir con la ley del trabajo y por ende no reconocer los derechos de sus empleados.
Si bien la conducta puede ser de poca claridad ética, no es extraño que los jurisperitos reciban jugosas sumas por imaginar las mil y una formas de burlar la ley, actividad que no pretendemos juzgar en esta nota.
Frente a esta disputa, el Estado (va con mayúscula sólo por costumbre) como expresión supuesta de las mayorías tratará de proteger a los trabajadores frente a las empresas, entendiendo la debilidad del sector laboral.
De seguro que en el país, con instituciones que agrupan a los asalariados, de tanta fama y trayectoria como la Central Obrera y todas sus departamentales, lo referido anteriormente suena a conocido, y por lo tanto aburrido.
Usted empezó a leer esta nota por saber como burlar las leyes del trabajo, o tal vez para poder, luego de la lectura, rasgar sus vestiduras sobre lo dicho y hecho.
Así que al grano: Una de las maneras de burlar la ley del trabajo es disfrazar la relación de trabajo, ocultarla, negarla, maquillarla, mostrarla de otra manera, en fin, disimularla ante el posible juez que conozca el reclamo.
Cuando la bombilla, foco o ampolleta de luz se prendió en el seso de uno de los avispados abogados de esta nación, apareció el consultor, como respuesta a todos los males que para la empresa son las leyes del trabajo.
Fue una de las primeras maneras perdurable en el tiempo que ha buscado burlar la ley del trabajo, tratando de esconder la relación laboral, para evitar el pago de los beneficios sociales, que cuando uno es trabajador, parecen tan pequeños y que cuando uno es empresario se ven tan desmedidas.
Pero la astucia abogadil no impidió que los Magistrados de la Corte Suprema, por lo visto más avispados y sobre todo anoticiados del fraude, llegado el caso, se rieran en la noticia que un auditor, un ingeniero, un abogado, un dentista o lo que sea, luego de años de falso consultor, no pudiese reclamar esos beneficios sociales, que mostrábamos hace poco, dándoles la razón a los que alegaban haber sido trabajadores con todas las de la ley, pese a los contratos de consultoria.
Con más o menos regularidad, los famosos contratos de falsas auditorías eran castrados en sus pretensiones en las salas de la Suprema, con regocijo para los trabajadores y mala cara para los abogados de las empresas que pretendían la burla. Ahora que en algún caso un contrato de real auditoría era defenestrado por la Suprema y el pobre empresario se veía obligado a pagar el error humano con el dinero de su bolsillo, es evidente que sucedió, pero los casos no fueron abundantes.
Salvada esta parte, que nos pone a buen resguardo a fin de evitar que el lector diga que esta nota es una lata pues esto es conocidísimo por todo y más aún por los leguleyescos lectores de estás páginas, pasamos a la segunda parte, la prometida que provocará el rasgado de las vestiduras de muchos.
Ocurre que ahora el que ha tomado esta política de agresión contra los trabajadores, y trata de ocultar todo trabajo regular tras las falsas faldas de la consultoria es el gobierno!!!
Antes de seguir hiriendo susceptibilidades, el parche: No quiero hacer propaganda contra quien dirige el gobierno actual por lo que ruego a los adláteres de tan feliz gestión abstenerse de verme como rival político, y tratar de dar razones de las sinrazones que cuento. Pasado este bache vamos a los hechos.
El estado boliviano, tal vez con un secreto propósito de dignificar oficios, cuando no profesiones, ha determinado que todo aquel que entra a trabajar para el Fisco o Gobierno (nuevamente la mayúscula es sólo por costumbre) ha determinado que el portero, el chofer el mecánico, la vendedora de comida, todos ellos son consultores!!!!
Si lo duda, vea la página de contrataciones en internet, donde se convoca a consultores para tareas de mensajero, a consultor para las tareas de jardinero, a consultor para las tareas de limpieza, a consultor para las tareas de chofer.
El fin evidente de estas mentiras oficiales es evitar tener que incorporar de manera definitiva a las planillas del estado a toda esa gama de personas que hacen el trabajo real, si bien no administrativo, de dar de comer al hambriento servidor público, llevar al dignatario al sitio de reunión, ir de oficina en oficina entregando los papeles de la burocracia, o podar los pastos de los patios ministeriales o las macetas de las secretarías de estado.
El estado, como organización jurídico política requiere de personas que estén de continuo en esa tarea, donde la práctica hace al maestro, sea maestro albañil, jardinero, o simplemente funcionario para todo propósito como los hay tantos.
El problema es que en cada cambio de conductores gubernamentales, se arrasa con los funcionarios de todo tipo, lo que convierte la carrera funcionaria en un mero paseo, de corta duración, por las dependencias del estado.
Pero volvamos al pecado original, ¿Cómo es posible que el gobierno repita las prácticas que debería combatir? ¿Es que algún abogado de empresas, acostumbrado a estas lides es ahora el nuevo consultor de las políticas legales del gobierno? ¿Esta iniquidad deja de ser tal porque la realiza el estado?
Como ven , las clases prácticas que se relatan para burlar la ley del trabajo, están en todas las páginas de internet sobre contrataciones del estado boliviano y en las gacetas respectivas. Interrumpo estas disquisiciones, pues debo llenar el formulario para postularme a ser consultor, en alguna parte, en alguna oficina, llorando porque no tendré seguridad laboral si lo logro, y no me molesta que usted diga «a llorar al río».
(*) El autor es abogado y miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa S.I.P. Publicado enBlog Law , 0 Comentarios2008-07-09 14:37:00
por Guillermo Torres López *
El dilema sobre que viene primero, el huevo o la gallina, nos muestra que en el razonar del ser humano se exige y es básico un orden o sucesión de pensamientos que nos lleven a conclusiones. Las cosas, las normas, los sistemas, son fruto de sus antecedentes. No pueden las consecuencias entenderse sin los elementos que las provocan.
Esta introducción viene a cuento en relación a la justicia comunitaria, que en esta legislatura se ha convertido en un proyecto de ley promovida desde la burocracia estatal. Luego de las disquisiciones que siguen volvemos a la gallinita.
Para nadie es misterio el retroceso del estado boliviano, donde intelectuales que sólo son conocidos en el país, pretenden crear una república que refleje la realidad encontrada por los conquistadores españoles hace 500 años.
Y pese a que el lector boliviano sabe que, con más canela o más blancura, esta tierra es lugar de mestizos, y que indios ya no quedan salvo los selvícolas de la amazonía y que la vuelta de la tortilla a favor de los aborígenes es más discurso que realidad, sesudos antropólogos y oportunistas de siempre quieren hacernos creer que Atahuallpa esta vivito y coleando en las alturas del ex Tahuantinsuyo.
Ninguna importancia tendría estas posiciones, excepto cuando se convierten en verdades y razones de estado. Es allí que la extravagancia sumada a la ignorancia hacen la sopa del envenenamiento y la confusión nacional, circunstancia agravada aún más cuando pretende como fruto una ley.
Mientras la idea de nación es superada en una Europa que hace realidad la integración y junta desde turcos, griegos, germanos, nórdicos y españoles, y que el mundo del siglo XXI se inclina por la integración de mercados y de personas, Bolivia regresa a la época de la conquista y fragmenta el país bajo el ideario de las diversas nacionalidades, sembrando división y lo que es peor desigualdad jurídica.
«En febrero de 1992 se llevó a cabo la «Primera Asamblea de Naciones Originarias y del Pueblo», en la que participaron varias direcciones de las organizaciones Originarias e Indígenas a la cabeza de la CSUTCB y la CIDOB, la misma tenía el objetivo de que las Naciones Originarias y el Pueblo cuenten con un instrumento de poder y unidad, que constituya interlocutor válido para el todo el pueblo, que recupere su territorio y sea portador de los contenidos ideológicos de: clase, nación identidad y cultura, para la construcción de un Estado Multinacional, Pluricultural, Plurilingüe, Socialista Comunitario, Democrático con dignidad, participativo, con respeto mutuo entre los pueblos originarios, clase media empobrecida, pueblos mestizos y pueblo negro». El texto que acaban de leer entrecomillado y que los debe haber dejado sin aliento, es parte de la publicación en Internet denominada «Pueblos Indígenas en Bolivia» 1
Como pueden constatar esta declaración de variedad no nos da ninguna pista para saber quien es aborigen en esta república llamada Bolivia, y cuantos son los aborígenes y como se llaman, pues como se dice que el país en un pañuelo, creo que no es ninguna utopía inventariar los pretendidos pueblos indígenas y a cada aborigen en particular, con nombre, foto y tamaño de calzado.
Y si ni siquiera sabemos quienes son los aborígenes, ¿sabemos cual es el derecho, consuetudinario o escrito, que manejan? ¿Cuando se habla de justicia comunitaria, qué se quiere decir? ¿No sería mejor, antes de avanzar en estas disparatadas como ilegítimas normas, publicar el manual procedimental de reconocimiento del indígena? ¿Quien es originario o no en este país? ¿Y porqué?
La presunción que la ley es conocida por todos, en que queda respecto del derecho indígena o aborigen. ¿Dónde están los códices quechuas, las normas guaraníes, los compilados aymaras? ¿Se contempla en estas normativas originarias el guisado de Alcalde corrupto, el colgamiento del k’ara libidinoso, el descuartizamiento del cuatrero logrero y camba?
Cuando se define el concepto de cultura, y se señala que ese es uno de los valores que se pretende conservar con esto de la justicia comunitaria, resulta que « la cultura abarca el conjunto de las producciones materiales (objetos) y no materiales de una sociedad (significados, regularidades normativas, creencias y valores)»2 (1), lo que obliga a preguntarnos que es primero en esta tarea de entendimiento, es decir el saber cuáles son esas producciones materiales, esas regularidades normativas, antes que reconocerles valor como se pretende en la ley de justicia comunitaria.
Como lo prometido es ley, volvemos a la gallina y su huevo. Qué debe hacerse primero: la Ley que reconoce la justicia comunitaria, o inventariamos a los aborígenes y vemos si somos parte de ellos o no.
¿Quedará alguien fuera de esta lista de originarios? ¿Quedará alguien dentro de esta lista de autóctonos? ¿Los que no apelliden Condori, Mamani, Choquetijlla, serán declarados extranjeros y deberán ir al paredón? ¿Quién va primero, el huevo o la gallina?
Se constata que se pretende legislar una entelequia, una inexistencia. El uso que se haga después de este episodio, de una norma desde el inicio contraria a los principios jurídicos de nuestra civilización judeo-cristiana de seguro dará la razón a quienes ven en la pretendida justicia comunitaria, un sin sentido y una clara violación de la igualdad ante la ley.
* El autor es abogado y profesor universitario.
(Footnotes)
1
http://www.amazonia.bo/historia_p.php?id_contenido=1
2
http://www.monografias.com/trabajos13/quentend/quentend.shtml#CONTEMP Publicado enBlog Law , 0 Comentarios2008-07-09 14:38:00 por Guillermo Torres López (*)
Si al leer este título usted se imagina una mesa alumbrada con velas, un mantel blanco, ella y él tomados de la mano, las cabezas juntas, las miradas lánguidas, y entre ambos un libro de derecho civil, abierto, mientras música de violines dan aún más esa atmósfera de amor y estudio, pues lamentablemente se equivocó, ya que este título no se refiere a romances en torno del ordenamiento jurídico, sino más bien a los especímenes que quieren retornar a tiempos pasados, donde campeaba el derecho dizque natural, y donde teología, moral y derecho era todos una misma ensalada.
Dentro de la variopinta fauna del ser humano, hay de todo, desde el estudioso compulsivo, pasando por el zángano gracioso, el trabajador empedernido, el genio incomprendido, el dirigente nato, el huelguista hasta las últimas consecuencias y, él, el romántico, el que ve que todo tiempo pasado fue mejor.
Este ataque de retrogradación es propia del género humano y se manifiesta aún más cuando la sociedad que cobija a este romántico está en decadencia.
Según nuestros abuelos, todo tiempo pasado fue mejor, expresión justificada cuando ya no se puede subir escaleras, comer sin problemas gástricos, o al menos sin dientes, y nuestra vida se reduce a vivir de la jubilación y a dar buenos consejos, ya que la edad nos imposibilita dar malos ejemplos.
De seguro y en este tren de cosas usted estará además sumando que la senectud, flaca de memoria, cree que lo anterior fue mejor, básicamente porque ya no hay recuerdos de lo malo y en el ser humano tiende sólo a memorizar lo excelente o beneficioso.
Pero... están los otros. Esos homínidos que sin ser senectos añoran un tiempo que no vivieron, gimen por épocas pasadas que cobran dimensiones de épica en su afiebrada imaginación aunque nada tenga que ver con la realidad. Si son médicos, aborrecen el escaner y la tomografía axial computarizada y se imaginan ser galenos de cabecera en tiempos de Moliere. Si son ingenieros consideran que el batido de huevo y cal supera con creces a los fierros de las construcciones actuales. Si son militares, les gustaría realizar una carga de caballería en vez de pelear con bombas atómicas.
Entre sus argumentos está la recuperación de los valores eternos del ser humano, la bondad innata del hombre en épocas pasadas, y la certeza que lo viejo es mejor que lo actual y que si fuésemos inteligentes volveríamos a la edad de las cavernas, donde al menos no existía el capitalismo norteamericano.
Son furiosos lectores de ideologías pasadas como el El Capital de Carlos Marx, o las teorías rusonianas del hombre natural, y muchos de ellos quieren resolver los problemas de tránsito actuales leyendo budismo, meditación zen e incluso la patrística.
En mis andanzas por el mundo he conocido algunos a quienes les gustaría restaurar el imperio turco otomano, otros que quieren reconstruir el muro de Berlín, pero esta vez en la frontera entre México y los Estados Unidos, otros que añoran las filas de la Alemania democrática, «en las que se vivía tanta solidaridad humana».
Dentro de sus virtudes, está que son buenos tipos, convencidos, crédulos, un poco fanáticos, medio ciegos y entre sus defectos, que son digeribles en conversación solo una vez, convirtiéndose luego en pesados y pedantes contertulios.
Son peligrosos sólo cuando ejercen poder. En ese momento es urgente recurrir a la autoridad sanitaria más cercana ya que sus opciones cuando eran particulares e inocuas se convierten en peligro nacional al pretender aplicarse a la generalidad.
Este espíritu de retrogradación está también presente entre los abogados. De seguro le ha tocado a usted algún venerable y digno jurisconsulto que añora el examen de Corte y el bastón de la profesión, cual cetro de mando. O aquel que le gustaría acudir de chistera a tribunales de mármol. Aspiraciones por lo bello de antaño que no le hacen mal a nadie.
Entre estos románticos podrá encontrar incluso a venerados pensadores, como Bobbio y su agiornado derecho natural. Decíamos que el peligro que encierran estas posiciones, salvo la discusión doctrinal, para quien tenga el tiempo y la gana, es casi inexistente, sólo con un pero: ¿qué ocurre si a estos románticos se les deja llevar sus fantasías a la realidad?
La buena intención se convierte en intentos de retornar la historia a sus comienzos. Por ejemplo entre los guerrilleros maoístas del Perú, la idea era acabar con los pueblos de base indígena que apoyaron a los españoles, es decir los continuadores de la defensa de Huascar, debían ser sacrificados por ser mitayos de los invasores.
Hay un presidente por la parte alta de esta América del sur, que pretende recrear la gran Colombia desde su Venezuela. Otro en una isla caribeña, que envejeció pensando en la creación de un hombre nuevo hecho a la antigua, país en que todos esperan que el abuelo estire la pata, para que ese pueblo pase a mejor vida, de acuerdo a los tiempos actuales.
Esos románticos del derecho son enemigos declarados del positivismo jurídico, odian a Kelsen y su estado de derecho, les molesta todo lo que sea modernidad y postmodernidad, y si pudieran tener la máquina del tiempo, estarían en la guardia personal de Melgarejo, primer líder popular.
Pese a la falta de información histórica, inventan edenes en el alto Perú e imaginan sistemas jurídicos inexistentes en pueblos de utopía, olvidando la barbarie que encontraron los españoles en la América.
En esta democracia de siglo XXI son una especie que se pone nuevamente de moda. Ahí los podemos ver vestidos a la supuesta usanza de tiempos anteriores, rechazando saco y corbata, no por mayor libertad, sino como una postura de retorno, de regreso, de vuelta atrás.
Son los amantes del pasado, de las divisiones, del país pre republicano, del que odian su unidad y sus leyes. Estos románticos de antaño son nuestro peligro de hoy.
(*) El autor es abogado y por lo que se ve, intenta pasar por postmoderno y además admira a Kelsen, aunque también tiene su veta romántica
Publicado enBlog Law , 0 Comentarios2008-07-12 12:30:00
Editorial (*)
Desde que Hobbes escribiera que el hombre es el lobo del hombre, centurias han transcurrido hasta poder entender que la democracia es uno de los pocos sistemas que permiten al ser humano una relativa convivencia.
Se supone que la voz de la mayoría, si bien no siempre es acertada a lo menos implica un acuerdo en respetarla, con la esperanza que las minorías de hoy, sean las mayorías del mañana.
De esa manera y bajo ese sistema político se han construido naciones donde la prosperidad es una constante. Sin embargo, no es un misterio que la democracia no es la panacea para lograr todas las metas que una nación se coloca, ni es el remedio para esa enfermedad que llamamos subdesarrollo y que de modo endémico afecta a una parte importante de la población del mundo. Pero, en defensa de este sistema político, se puede afirmar que si bien no es el remedio mágico para todo mal, es cambio es la manera más humana para interrelacionarse con los demás y para organizar el poder en una república o nación.
La democracia es en suma, la base para la construcción de nuevas estructuras de mayor participación, más solidaridad y mejor vivir.
Este estilo de convivencia descansa en la manifestación de la opinión de cada cual, convertida en voto, cada vez que se recurre a las urnas. También descansa en la permanencia de esa opinión a lo largo de un tiempo determinado. Cuando escogemos una opción, esperamos que ésta sea duradera y para quienes ven que la opción mayoritaria no ha sido la propia, el tiempo prefijado de duración para un mandato otorgado por el voto, le dará los elementos necesarios para prepararse a la próxima elección.
Ese conocimiento de tiempos y plazos permite a quienes eligen el poder político de la nación, tener la certeza que ese poder tiene un tiempo de duración determinado y nunca arbitrario. Si quisiéramos resumir el comentario, diríamos que una vez elegido el poder de gobierno y legislativo, el ciudadano común puede y debe dedicarse a su crecimiento económico, social, espiritual y dejar que luego del tiempo necesario y hecho el balance pertinente sea la misma o nuevas corrientes de opinión las que determinen la conformación de poderes del estado.
La democracia descansa por lo tanto no solo en la elección sino en la perdurabilidad de sus resultados. Lo contrario es la negación de la democracia.
Un ejemplo de esto, es lo que llama el veto constructivo de los alcaldes, que se ha traducido en todo tipo de componendas para cambiar a jefes edilicios, con o sin motivo. Sin embargo la poca durabilidad de las funciones munícipes al menos estaba enmarcada sólo a los que votaban por el futuro alcalde.
En cambio, la idea de revocar el poder de autoridades constituidas supuestamente para varios años, en vez de reforzar la democracia, la debilita.
Sea el Presidente de la República, el Prefecto, o la autoridad a que se refiera el referéndum revocatorio, queda la duda de cuantas veces se repetirá este fenómeno que impide gobernar, ya que el tiempo de elecciones se hace permanente y favorece el prebendalismo en vez de permitir un gobierno prefectural o nacional libre de presiones y con la ecuanimidad que da la seguridad de la duración del cargo.
No crean que el hecho de ir de votación en votación favorece la democracia y la participación, Lejos de eso, daña el sistema, introduce inseguridad en el gobierno y a la larga es una puerta abierta para los que siempre están tras de una salida de fuerza, donde el derecho de voto y por lo tanto el de elegir, se convierten en meros recuerdos.
El vivir en periodo de elecciones continuas, cansa, favorece la abstención y a la larga provoca que en vez de mayor participación esta se debilite y que el sistema pierda credibilidad.
El sembrar molestia y aburrimiento en un abuso de las prácticas electorales, puede tener como fruto, desastrosas cosechas para el país, donde la democracia se vea como un exceso descartable y se añore menos libertad y más orden, y por ende se favorezca el retorno a dictaduras, ante el desgobierno de la excesiva manía eleccionaria.
Nota de Redacción: Guillermo Torres López, es el autor del presente editorial, publicado en un medio de prensa escrito, en días pasados. Publicado enBlog Law , 0 Comentarios2008-07-21 17:12:00por Guillermo Torres López *
El dilema sobre que viene primero, el huevo o la gallina, nos muestra que en el razonar del ser humano se exige y es básico un orden o sucesión de pensamientos que nos lleven a conclusiones. Las cosas, las normas, los sistemas, son fruto de sus antecedentes. No pueden las consecuencias entenderse sin los elementos que las provocan.
Esta introducción viene a cuento en relación a la justicia comunitaria, que en esta legislatura se ha convertido en un proyecto de ley promovida desde la burocracia estatal. Luego de las disquisiciones que siguen volvemos a la gallinita.
Para nadie es misterio el retroceso del estado boliviano, donde intelectuales que sólo son conocidos en el país, pretenden crear una república que refleje la realidad encontrada por los conquistadores españoles hace 500 años.
Y pese a que el lector boliviano sabe que, con más canela o más blancura, esta tierra es lugar de mestizos, y que indios ya no quedan salvo los selvícolas de la amazonía y que la vuelta de la tortilla a favor de los aborígenes es más discurso que realidad, sesudos antropólogos y oportunistas de siempre quieren ha | |